domingo, 26 de diciembre de 2021

Hoy llore, vomité y cagué sobre un gladiolo

Hace poco terminé "El Túnel" de Sábato,. La actitud de Castel es verdaderamente irritante, y no solo porque disfrute de hacerle daño a la gente, sino porque siempre encuentra una justificación a sus actitudes mas crueles. Incluso es peor cuando se reconoce como malvado y habla del túnel en el que estaba para explicar al lector algo difuso que terminaba en decir que no es que fuera malo, sino que era diferente. 

Disfrutaba del placer de hacer llorar a María Iribarne, supongo que de haber existido disfrutó matándola, disfrutó increpando al ciego que lo había hecho, y después se pregunta irónicamente por qué se habrá matado aquel. 

En cuanto terminé la lectura, lo primero que pude hacer, incluso antes de digerirla, fue pensar en las penas del joven Werther, quizá porque estoy enamorado, igual que aquellos dos nefastos personajes. 
Admito con indiferencia que nunca me sentí como Castel; pero con pena increíble, que sí me sentí en varias ocasiones como Werther, porque no creo poder morir de otra forma que no sea amor, y entiendo que el corazón cuando se saca del pecho para nada sirve. 

En mi vida he lastimado a muchas personas, producto de vivir unos cuantos años. No creo ser mala persona. Me asusta que Castel tuviera el mismo pensamiento sobre él. Es inevitable no hacer daño a los demás, pero me pesa mucho saber que a personas que quiero (e incluso a las que no considere querer) las termino hiriendo. También sé que mi actitud es bajar la cabeza y que a veces la gente quisiera otra reacción, algo que les permita sentir un golpe de vuelta, como cuando se golpea una pared y esta te golpea de vuelta. 

Este año he sido muy feliz, he sido muy triste, en ocasiones solo he sido, y en otras ni a eso llego. Muchas personas se enojaron conmigo, y siguen enojadas, porque algo que hice les disgustó. Muchas más personas aún esperan algo de mí, y no lo digo en el sentido de que esperen que yo sea un gran abogado, o un gran escritor, o un gran comediante, porque saben que no lo seré. Lo digo en el sentido de que esperan que me comporte de cierta forma, que sí me vio y no me saludó, que si salimos y no se tomó una conmigo, que si me ignoró este mensaje, que no me dijo feliz navidad, que usted es un hijueputa porque ese día me saludo con la mano y no me abrazó, que me hace daño verlo, que me hace mal saber de usted, que usted hizo eso pero no porque sea mí amigo, sino porque es algo que haría por cualquiera, que no me prestó plata, que no quiso salir conmigo y si con cual o pascual, que pensé que usted estaba para mí en cualquier momento, no importa el que, que parchaba más con otros, que comí carne, que no comí carne, que soy un hijueputa porque estoy vivo. 

Yo me canso, no me canso de la gente, me canso de estar triste. Me gané un concurso y creí saber escribir, me levanté un día y me di cuenta que no. No quise volver a escribir. 
No me gustó nada de lo que aprendí este año en la universidad, pienso en el joven Juan García Madero dejando su carrera de estudiante de derecho en la UNAM para dedicarse a hacer poesía, o lo que es lo mismo, emborracharse y dormir en casas (o estancias, o posadas, o habitaciones, o portales) diferentes todos los días. Solo que yo no soy ni podría ser poeta, no vivo en CDMX, no estudio en la UNAM, no vivo borracho y no duermo mucho. 

También estoy muy conflictuado. Es normal que se me recrimine lo que no está bien, y se que he sido perpetrador de conductas que me han dolido, alejarse es doloroso, más para unos que para otros. Pero sepan que siempre pienso en ustedes, que poco lo hago conmigo. Y no quiero decir que yo viva por ustedes, y que todas mis acciones las tome pensando en ustedes, sino que cuando vivo por mí, no dejo de pensar en ustedes, y eso solo me pone más triste, porque trato de hacer las cosas bien, pero no soy yo capaz de hacer eso siempre. Me pongo a pensar, me pongo muy triste, pienso mucho en los problemas de los demás, no lo hago yo con los míos, nadie lo hace con los míos, que no son muchos, ni muy buenos, pero sí míos, y de pronto necesitan siquiera de mi atención. 

Estoy lejos de ser perfecto, lejos de ser feliz, también lejos de estar triste. A veces solo quisiera que me preguntaran como estoy, pero después se me pasa porque esa pregunta nunca se como responderla, y aunque supiera, no siempre la respondería. Que yo quiero y no me dejo querer, entonces de pronto no se querer muy bien. No hay enseñanza, ni moraleja, ni reflexión, ni nada que valga la pena leer, esto no es una pieza importante. Tampoco crean que soy poeta, no contemplo aún cruzar la calle, al menos no por iniciativa. Sí le rescato al poeta el hecho de querer cambiar la vida. Le recrimino que se haya vomitado encima después de escupir esas palabras, y no antes. 

Finalizo pidiendo perdón, porque la he cagado y lo haré, porque no quiero hacerle daño a nadie y se que no es posible pasar la vida así, porque antes que hacer daño como Castel, prefiero hacerlo como Werther. 

jueves, 18 de noviembre de 2021

Pobre del autor

Desde hace mucho quería escribir pero no podía, simplemente no hallaba las palabras que salieran por mi boca, no quería mis manos se vieran escribiendo automáticamente sin escuchar con el corazón lo que había que decirse. Ahora lo vuelvo a intentar.

Sé que hay gente enojada conmigo, y con razón. En esta entrada bien podría mandarlos a la mierda, cerrar la puerta, salir a la calle y seguir andando. La verdad es que no podría. No puedo.
De antemano, obvio las pedidas de perdón, porque si usted me conoce en persona, sabe que no hago otra cosa diferente. Me han dicho en el lapso de los últimos tres meses muchas cosas -no las suficientes desde luego- pero al menos las necesarias para que me sienta mal. Me han criticado porque ya no salgo con ciertas personas, me han reñido porque ya no hago cosas con ciertas personas, me han peleado porque ya no frecuento ciertos lugares, me han insultado porque ya no consiento ciertos hábitos en otros. En fin, la gente ha empezado a reñir conmigo porque siempre viví en pro de ellos y cuando no pude hacerlo más (lo que solamente significa que empecé a hacerlo en pro de otras gentes diferentes) se sintieron abandonados. 

Intento vivir por mí, y lo único que acierto a hacer es vivir por otros. Ni mis alegrías son mías, siempre son prestadas; peor aún con mis tristezas, que, cómo yo, son robadas.
La tranquilidad no se compra con nada, así como un cuchillo en las entrañas no se equipara con uno en la pretina del pantalón, aunque los dos vayan de la mano. Los símiles y los chistes son mis cosas preferidas, y sin embargo, ninguno se me da bien. La alegoría es la madre de todas las figuras literarias, y yo siempre he sido un padre irresponsable del peor tipo, el que responde con la cabeza gacha frente a lo engendrado. 

¿Qué si me miento todos los días? ¿Y quién no lo hace? Mucho tengo ya con tener que vivir conmigo todos los días como para soportarme con honestidad. No me arrepiento nunca de lo que digo, sí de lo que hago. No digo todo lo que pienso, pero pienso en todo lo que me dicen. Me arrepiento de lo que no dije, no de lo que no hice. 

Siento que le debo algo a la gente. No puedo explicar el qué, pero el sentimiento de intranquilidad que tengo cada noche que me levanto y cada día que me acuesto no se va. 

Hoy en el plantón que había en la Corte Constitucional pidiendo la despenalización del aborto le amagaron un golpe a Cielo. Fue un hombre de unos treinta años, pañoleta azul, barba de dos semanas, ojos de miedo y cara de Vargas Llosa -alguien a quien se le podría calificar de golpeable-. Forero, Ana y yo estábamos alejados del plantón cuidando las maletas, en el momento de ver el golpe fallido a Cielo, mi reacción fue preocuparme. Forero decidió ir en busca del tarugo y encararlo, hubo un amague de pelea y fue solo hasta ahí que decidí meterme yo también. 

Siempre le he huido al conflicto, no porque le tenga miedo a lo físico ni al enfrentamiento. Pienso tanto en el resto que afrontarlos es difícil, pues me paro mas fácil en el lugar de ellos que en el propio. Una ridiculez.
A pesar de llevar algún tiempo practicando boxeo con mi hermana, saber algo de teoría y haberlo practicado infinidad de veces con el saco de arena que hay en mi casa, siempre me negué a pelear con otra persona (a duras penas con mi hermana). Hace poco logré pararme a intentarlo con alguien. A los fantasmas que nos apenan se los asesina no con ahogos, pues no tienen necesidad de respirar, sino con puñaladas en el corazón, pues sin el corazón no vale la penar seguir atormentando a nadie. 

¿Qué quién soy yo? Ni trataré de darle una respuesta a eso, entonces le agradezco a usted que no me digo que yo ya no soy yo. Aprecio sus apreciaciones, si nota cambios no se alarme, no sufre de ningún tipo de engaño mental, si nota cambios es porque probablemente los haya. Si no le gustan los cambios es natural, todos queremos siempre tener la razón. 

¿Usted está bravo/a y me pregunta qué le puedo ofrecer? Tengo dos manos, en la izquierda un fusil y en la derecha una rosa. Soy diestro en el uso de las armas, pero mi corazón está a la izquierda. Bien podemos construir una guerrilla, hacer el amor, compartir una copa, o un vaso, o una botella; podemos separarnos y nunca más vernos, o hacernos prometer que siempre estaremos allí, de esos siempre que duran dos cigarrillos, podemos intentar borrar a Neruda de un quemonazo y tratar de escribir los versos más lindos cualquier noche, fracasar e intentarlo de nuevo a la siguiente, fracasar y dejar de intentarlo. Por mi parte, le tiendo un corazón magullado que aún late y una sonrisa tímida, un beso en el cachete, un paso de baile rendido en agua y un poema robado.

Les regalo siempre mis palabras, pero no a todos les regalo lo que he escrito. En eso sí soy celoso.  


Y cuando miro al cielo, pienso si sabe lo miserable que soy ahora. 








domingo, 24 de octubre de 2021

Alguien en el mundo piensa en mí

"Y tal vez tu auto chocó la otra mañana

Y recién extrañaras a tu pequeño perro
El día de su cumpleaños

Yo tengo un gato"

El día de ayer Charly cumplió años. Debería ser eterno el mundo, solo para poder escucharlo cada madrugada, que es la única hora en la que vale la pena escucharlo. 

¿Mi recomendación? Pos Ludio, gracias a Laura porque es ella quien me mostró esta canción. 




Vivía con un secreto que me corroía el pecho, me dejaba las costillas así como se ven las de los fósiles recién descubiertos, a medio ver, de un color amarillo, y sobretodo feas, bien feas. Eran tan feas mis costillas que se notaba que algo pasaba, me preguntaba la gente el motivo de mi malestar, y yo sin saber que decir, solo señalaba el corazón y decía que era normal. ¿No nos sentimos todos así?

Llevaba tiempo queriendo escribir, intentándolo sin lograrlo. Después del concurso que gané todo me sabe a nada, y no sería malo, pero es que la nada me deja un sabor en la boca que no se me quita ni besando, ni bebiendo de un charco o de un florero, ni quemándome con el cigarrillo. 
Flaco favor me hizo ganarme ese concurso, en el momento en que me lo dijeron sentí felicidad, como creo que sería natural. Después volví a leer lo que escribí, no me gustó tanto. Después comente la noticia con todos y era feliz, ya no importaba el cuento, sino el hecho de haber ganado, todo el mundo lo quería leer porque era algo que yo había escrito y querían corresponder la ilusión que yo tenía, no creo que muchos estuvieran interesados en el contenido del mismo. Igual no importa, es mierda, y se que no hay critico más duro que uno mismo, pero quien conoce mejor su mierda sino quien se regocija de vivir entre ella.

Eso lo primero, que decirlo supongo quita un peso de encima. Aunque ustedes que van a saber de pesos si nunca han ido al gimnasio y se la pasan en casa leyendo todo el día, o peor, parchando y creyendo que se construyen como personas.

Si quieren leer algo bueno, escríbanle a E**y y convénzala de que publique (guardo la identidad de Eddy por motivos de privacidad). Ojala que el día que ella gane un concurso no se vaya a sentir así, mejor aún, que nunca gane un concurso porque da la falsa impresión de creerse mejor que el resto, que publique sin pasar por esa tortura de ser feliz al haber aplastado a otros. 

Aquí va una anécdota, alguna que quizá interese a quien abrió este link sin buscar un diario virtual. 
Bueno, mejor que sean dos.

La primera. Attaque77, la banda de punk argentina (pido perdón si para usted no es punk, le concedo la razón, no quiero pelear por esa nimiedad) le compuso un tema al argentino más importante después de Diego Armando y del Che. La canción se llama Western, el videoclip está ambientado en una sala de cirugía, habla sobre la inexistencia de los héroes, sobre la existencia anónima y mortal de los héroes, en fin, los buenos mueren, mas de lo que los comics están dispuestos a mostrarnos. Para el Doctor René Favarolo, quien inventó el bypass coronario y murió luchando contra la corrupción, se pegó un tiro al corazón. Solo los poetas y los idiotas, y perdón por la redundancia, se suicidan de un tiro al corazón. 

La segunda, Robert Rodríguez, el aclamado director de cine mexicano, más bien chicano, y más bien poco aclamado, reconocido por "Del crepúsculo al amanecer", cuenta en su haber una primera película más bien risible. Antes de "El Mariachi", que es su opera prima, bastante amateur pero bastante entretenida, grabó para un padrote en Sonora una suerte de película. Robert Rodríguez era un borracho esperando lo que espera todo borracho, que alguien entre por la puerta y pague sus copas, las que debe, y le invite otra. En este caso fue el putero del bar donde estaba, quien a cambio del favor, le pidió que grabara una película con el protagónico en manos de su chica favorita. Robert acepta y produce una película de unos 15 minutos que empieza con un asesinato y termina en Ciudad de México con un par federales persiguiendo unos vampiros.

En estos días empecé a leer el amor en los tiempos del cólera, y para sorpresa de nadie, me siento identificado con el peor personaje. Ya queda en usted determinar si ese es Florentino Ariza o Juvenal Urbino.

Dejo en el tintero más cosas por escribir, porque son solo para quien me piense por las noches, y porque son cosas que no hay lugar a decirlas en publico. 

Les pido por una vez que no le hagan caso a Galeano, no intenten no tener miedo, intenten ser a pesar del miedo. Abracen a su miedo y escúchenlo, pero como se escucha al boletín del consumidor, y sigan sin importar el qué.

A todo aquel que haya leído esto hasta el final, le mando un abrazo. Si no lo acepta por cualquier razón, le regalo el poema que escribió Rilke para poner en su epitafio.

"Rosa, oh contradicción pura, alegría. 
De no ser sueño de nadie, bajo tantos parpados"

domingo, 3 de octubre de 2021

Mi desengaño

-¿Entonces no comes carne? Debes ser vegetariano.

-No, la verdad es algo más sencillo. Como el coronel y su esposa, sólo como mierda.

Ayer salí con alguien y haciendo alarde de mi estupenda capacidad para rellenar todos los silencios con verborrea mental terminamos hablando de la situación de los Pigmeos en África. 

Hablamos también de las llamadas red flags, aquellas actitudes o conductas que te señalan cuando hay algo fuera de orden que debería inquietar. Al menos así creo que se entiende por la mayoría. Llegamos a la conclusión de que todos somos un tumulto de señales contradictorias, para que pararse a pensar en nuestro accionar si lo vamos a resumir en una categoría tan etérea como toxica. Después de cenar fuimos a tomarnos algo a un bar, y después directo a mi casa. No iba a dejar pasar lo oportunidad de decirle que era arte y mostrarle mi colección de canicas tornasoladas. No nos besamos, aún tengo miedo de que se me pueda ir la vida por el agujero donde tengo el arete. 

Hay un tropo en la literatura muy famoso, El fusil de Chejov. Básicamente consiste en no hacer promesas al lector que no se van a cumplir. Si en el capitulo uno de tu obra señalas que hay un rifle cargado sobre la chimenea, en el capitulo dos o en el tres debería usarse. No hacer promesas que no se van a cumplir.

A medida que escribía esto me llegó una notificación al teléfono, parece ser que no me alcanzó el dinero para pagar MUBI este mes, supongo que Wong Kar-Wai perderá un espectador, espero le alcance para su nueva sudadera Adidas. 

Me debatía entre desengaño y miserable para el titulo de esta entrada. Miserable vengo siendo hace algún tiempo, sin embargo el sufrí el desengaño más pronto que el zarpazo de la realidad. También pesa sobre mii la muerte de Roena y siento que este don nadie debe rendirle homenaje en la medida de lo posible. 

No me escriban sino es para pedirme un favor, no quiero sentirme mal ignorándolos e ignorar favores es algo muy sencillo.

No me gusta lo que estudio, me da una pereza increíble la institución donde lo hago. Me gusta escribir y no lo he hecho últimamente, gané un concurso y siento que lo que escribí fue una mierda, no le conté a nadie sobre mi libro para que no lo compraran, mejor usar ese dinero donándolo en forma de gotitas éxito. El sentimiento de estar estancado se acrecenta con el paso del tiempo, la rana de este pozo está cerca ser meras ancas. No quiero trabajar aunque debo hacerlo, no entro a clase aunque debería hacerlo, quiero enamorarme y no sé si hacerlo. 

Hace poco cumplí años, no quita el malestar de como me siento -no cambiara mientras siga hasta la cintura de lodo-, pero me hizo darme cuenta de que por lo menos tengo personas bonitas a mi alrededor. No me alcanzan las palabras para regalárselas, las noches para pensarlos y los abrazos para repartírselos. La gente suele construir su experiencia vital desde adentro hacía fuera, yo por mi parte entiendo todo lo que soy desde los demás, no quiero caer en la bobada de decir que soy el pueblo o que mi vida corresponde a una causa hace años perdida. Quiero creer que yo soy mi circunstancias y lo que este pequeño ladronzuelo puede atraparse de cada transeúnte inocente. 

Finalizo diciendo que terminé de leer Los años con Laura Diaz, de Carlos Fuentes. A propósito, una anécdota: Nunca publiqué nada sobre el libro que leía, tengo una profesora y una compañera que comparten el nombre de la protagonista de la obra, así como en la obra hay 4 Santiagos. 

Estoy enamorado de México, sin ningún motivo me recuerda a mi papá, a una época en la que éramos felices, o al menos donde ignoraba lo infeliz que se puede llegar a ser. Extraño a mi viejo, pero soy tan miserable que no le escribo y le digo como me siento. Quiero morir como el Ángel de la independencia, caído en medio del Zócalo, que el millón de mexicanos que ingresan a la ciudad a diario desde afuera buscando mejorar su vida me pisen. Quiero encontrar a mi Ángel de la independencia, una musa a la cual dedicarle los logros de otra revolución efímera cimentada sobre huesos y sangre de sinnombres. Quiero morirme y que viva mi corazón, que siga viviendo fuera de mí.

Por cierto, les pido un favor, si saben de algún club de lectura donde pueda escuchar a gente hablar se los agradecería. También lo agradecerían las mismas 5 personas que tienen que escucharme a diario sobre sinsentidos inventados en mis noches de insomnio. 

A veces miro al cielo tratando de imaginar como es mi interior, me pasa lo mismo siempre. Imagino infinidad de cosas que no soy y me doy cuenta que eso soy. 
Después me compro un Vive100 y me recuesto bajo un árbol a esconder colillas en un hueco. 


 


martes, 17 de agosto de 2021

Cábalas

"Hoy estoy, un poquito triste, ¿Cuándo no?"


Así reza mi canción favorita de Loquero, una banda que cuenta con 18k oyentes mensuales, unos argentinos que no escriben bien, que no cantan bien, que no tienen buena imagen, pero que todo lo que hacen mal lo hacen con el corazón, o al menos con la convicción juvenil de estar haciendo lo que quieren hacer.



Han pasado algunos días. Llovieron criticas, llovieron amenazas, llovieron mensajes y chistes, y se derrocharon noches pensando en que pasaría. Me arrepiento de lo que hice, aprovecho para aclarar que esto de ninguna manera puede ser considerado una confesión (guiño, guiño, señores fiscales). Lo que hice fue una gamberrada, pero sigo creyendo que lo del sistema es criminal. 

Me llamaron bobo hijueputa de frente, a mis espaldas, de lado, en cursiva, en negrilla, por lo bajo y apretando dientes, gritando y señalando. Se que no estuvo bien, me arrepiento de lo que hice, no lo había pensado en su dimensión correcta. Si usted también me puteo, bien, supongo que lo habrá hecho sentir mejor y era algo que yo merecía (amenazas quizá estuvieron de más, pero vivimos en la sociedad de la violencia). 

Tampoco voy a pedir perdón eternamente, no creo que nadie le importe tanto mi figura (al menos eso creí). He pensado mucho en el punitivismo, en ultimas estudio derecho, -¿y por qué no decirlo? También podría ser un criminal- y he llegado en a la conclusión (inaudita) de que no importa realmente la resocialización de las personas, importa el adoctrinamiento y la exclusión, y lo que es mejor, la exclusión de aquel adoctrinado. Pagar condena es inútil, cambiar es inútil, lo único que servirá será ser aquel señalado, aquel con quien compararse cuando se esté en horas bajas. "Al menos yo no soy un maldito criminal como ______", la gente mira con desprecio al criminal, a aquel que busca justificarlo, a quien se atreve a hablar de análisis sociológicos cuando hay un comportamiento de por medio, porque todos sabemos que esta bien y que está mal, y quien no lo sepa es un maldito malhechor.

¿Pagaste condena? Muy bien, ahora eres un poco mejor que esa basura criminal, pero sigues siendo mucho menos que nosotros. Pensándolo bien, no eres un poco mejor que esa basura, eres esa basura.

A nadie le importan una mierda los presos, los criminales, ese excremento social, al que toda sociedad aspira eliminar. Buscamos aniquilar a los delincuentes, no a la delincuencia. Esto lo escribo para ustedes, para nosotros, para todo el que no quiera perder su condición humana, para quien aún tenga algo de decencia, siempre del lado de los presos, porque la sociedad se divide en dos, sí. Los de arriba y los de abajo.



En la foto, Leila Khaled, Bobby Sands, Sacco y Vanzetti, Gerry y Giuseppe Conlon, Atticus Finch y Claudia Falcone. El texto es un Poema de Rafael Alberti, El prisionero


Para todos los presos políticos, o sea para todos los presos.

Lo siguiente que escribo hace parte de la catarsis que es este recopilatorio de notas que llamo blog. Bien puede ignorar el resto, bien puede leerlo y reír.

Al momento de escribir esto he pensado muchas cosas, he decidido renunciar a muchas otras. La academia por un lado me la resbala, intenté entregarle mi vida como quien busca una persona con la que hacer el resto de su vida. Fracasé. 

Intenté entregarle mi vida al trabajo, a alguna causa. Fracasé. El desorden es lo único que organizo en mi vida. 

He intentado compartir mi vida con alguna persona, sigo fracasando. No dejaré de intentarlo, ¿Qué sería de mi entonces? No es culpa de nadie, aunque nadie tiene dos nombres y dos apellidos, y nadie nació en Barrancabermeja.

"Si Adelita se fuera con otro, la entendería completamente"

Creí entonces que lo adecuado sería no entregar mi vida a nada, a nadie. No ha resultado ¿por qué habría de hacerlo ahora? El peso de una vida es demasiado, no creo que nadie pueda cargarlo. Ni la propia, ni la ajena. Mi vida está reposada sobre mis cercanos y cercanas, sobre páginas escritas por mí o por Chandler, o por Bécquer ,o por Urasawa, sobre cintas dirigidas por Cameron, por Joon-ho, sobre la música de The Clash o de Javier Ibarra, sobre recuerdos de Laura, de Valentina, de Juliana, de Ana, de Liseth, de aquellos que ya no están, de aquellos que espero estén. Sobre la figura de Laura Díaz Kelsen, sobre Philip Marlowe (a cuya figura este blog le rinde honor), sobre Raskólnivok, Sobre Constantine, sobre infinidad de personajes sin nombre, ni rostro, solo silabas que persigo en sueños. 

Creo, sin lugar a ninguna duda, que mi tatuaje mas significativo está sobre mi antebrazo derecho, una simple línea, unas curvas, un barco.

Escribo porque no estoy bien, porque nadie está bien, porque todos queremos que nos escriban, porque queremos escribir. Escribo cuando estoy bien, cuando estoy mal. Escribo porque es lo único que puedo hacer medianamente bien, y porque es lo que me gusta hacer. A veces siento que mi peor error fue haber estudiado derecho, no encajo aquí. Una chiquillada, tampoco es cuestión de vida o muerte. Mi peor error tampoco fue con el sistema, mi peor error aún está por venir, no creo que haya nada en mis manos que lo pueda evitar. 

Hoy me di cuenta más que nunca que mi vida está volcada al resto, no es una molestia, es simplemente darse cuenta de que vivimos para los demás, que buscamos vivir en los libros de la buena memoria del resto. 

Aprecio mucho a la gente, no se como corresponder ese cariño, no se como hacer muchas cosas. Creo en el poder de las palabras, acaso porque es lo único que quedará una vez me haya ido, una vez se hayan ido todos. No creo que haya nada más poético que la cruda verdad, así esta esté embalsamada entre florituras y pequeños detalles que nos hacen perder del foco. 

Hoy escribo porque siento que todo va en picada, una suerte de caída parabólica, de esos ejercicios en los que tenemos que despreciar la resistencia del viento. Indudablemente las cosas irán mejor, eso es apenas obvio. La verdadera cuestión es cuándo. 

No seamos ingenuos, la vida no nos debe nada, el karma no existe, o bien es azar o bien es simplemente el resultado de nuestras acciones. Yo solo quiero pedir perdón a las personas que he lastimado, que hoy se que son bastantes, a quien alguna vez le dije algo feo, con quien alguna vez tuve un gesto feo, a quien le dedique una canción bastante fea en francés, a quien deje tirada cuando menos lo esperaba. A quien le di mas de lo que necesitaba, a quien le correspondí -confundido- de maneras equivocas, a quien le presté mi apoyo cuando no lo pidió y no lo quería. 

¿Qué te importan todos lo demás? el silencio, el cansancio, el odio y la tristeza. 

jueves, 15 de julio de 2021

Retales

 La vida no se compone de otra cosa que de retazos de lo vivido en los días que se abandona la rutina.

En las ultimas semanas habré experimentado varias cosas que me dejan sin palabras, se lo dice Laura Diaz a Maure, ¿Qué será de la vida sin amor? ¿No es suficiente para apaciguar nuestras dolencias, las dolencias del mundo?

Un sábado entré a una cantina y divagué con un tipo que estudia ciencia política, al menos eso decía. Me reprochó porque consideré que era más importante que la gente se sienta querida y reconozca su valor como persona, antes que buscar inútilmente ser un mártir. "Las vidas de esos individuos son el cimiento de una revolución que se está gestando" me decía el estereotipado estudiante. Sonaba a trino de político progresista. La vida es lo único que tenemos, no es preciso darla porque es solo nuestra, y es verdad que los ideales pesan más que la vida, pero no se le debe exigir a las personas que dejen lo único que tenemos -y de pasada- en las barricadas. Como decía alguna pared pintada, rayada, vandalizada, estropeada "Lucha y Vive". Ese mismo día en aquel antro cruce varias miradas con una chica, llegado el momento planeaba abandonar mi mesa y sentarme junto a ella, hacer un chiste o dos sobre lo trágico de la vida y sobre la insistente militancia de la juventud, quedándome desde ese momento sin más cartas y dejándome llevar por la primera de las corrientes que se advirtiera. Mientras analizaba escenarios (por lo demás risibles) en mi cabeza, los caballeros de la mesa contigua se adelantaron y se sentaron con ella. 
Había llegado en la bici de Nara a la cantina, me regresé en la bici de Garu a la casa, en el trayecto me comí un hueco sobre toda la séptima a la altura del parque nacional, me caí y me jodí una costilla.  

Vale la pena decir que no todo fue malo el sábado, don Jaime me regaló una copia de su ultimo libro, con la condición de que le debía consignar 20 lukas por concepto del mismo. 

El viernes inmediatamente anterior a ese sábado, había decidido subir Monserrate a pie con Andrés, lo hicimos, extenuante. Como hacía calor me quite la camisa, tampoco quería sudarla mucho, y llegados a este punto debo confesar que puede ser que tenga algo de exhibicionista. Una vez arriba me obligaron a ponerme la camisa porque supuestamente espantaba a la clientela. Curioso, no hay mucho que hacer en la cima de Monserrate, al menos no para quien no este dispuesto a pagar sobre el precio. Bajamos otra vez a pie, convencido de haber escuchado en algún lado que bajar de lado era mejor para las rodillas, hice el trayecto así. Ahora me duelen las rodillas y creo tener una fisura en la planta del pie, pues lo tengo inflamado de sobremanera. 

El mismo viernes Alcolirykoz estrenaba su ultimo disco "Aranjuez", durante todo el recorrido de subida obligué a Andrés, a los transeúntes y a mi persona, a escuchar  y reescuchar el disco en loop. Aún a día de hoy sigo escuchándolo muy al pesar de todos los que corren con la suerte de compartir vagón de Transmilenio conmigo. 

El domingo inmediatamente posterior al sábado de cantina salí a montar bicicleta con Carlos, quería acompañarlo en su pequeño emprendimiento, risas por panes. Subimos por la conejera, el sobre la bici, yo detrás de la mía, llegamos a la cima, paramos a comprar algo de comer para no morir en el intento, la señora que atendía el puesto me advertía que más sabe el diablo por viejo que por diablo, que ella llevaba mucho tiempo ahí y sabía nada más con el temblar del pelo cuando alguien se iba a desmayar. La señora acertó nuevamente. Carlos se desplomo y logramos socorrerlo de algún modo, no le paso nada grave. Llegamos a repartir el segundo domicilio en Suba, a la casa de Nina, ella al enterarse de lo ocurrido nos dejó pasar, estaba su madre en casa y como es natural, me quedé hablando con ella un rato. Nina y Carlos se dispusieron a crearme un perfil en Bumble. 

El martes había cuadrado para verme el miércoles con la única chica con la que hice match en Bumble, llegó el miércoles y sin embargo Sarita no llegó. Debe decirse todo honestamente, no es que ella no llegara, habíamos quedado de vernos por donde ella vive, sin embargo llegó el día y no me volvió a responder, lo que en estricto sentido significa que yo no llegué al lugar convenido, si acaso llegué al desastre, puntualmente debe decirse. Creo que será la única vez que lo intente, tampoco hay muchos motivos que me empujen a seguir usando la app. Ante la magnifica belleza de la desilusión, desilusión doblemente grande porque la ilusión que la antecede se gesto en dos días y en quince mensajes, decidí no quedarme en casa y verme con mis panas.

Descubrí tarde que me gusta mucho la poesía de Rilke, digo tarde porque no alcanzó el tiempo para aprenderme más que un poema del alemán antes de perder el interés por el mismo. 

Revise en la montaña de libros que acostumbra a estar debajo de la caja de tapabocas (hoy día instrumento indispensable) y encontré un libro de cuentos de Boris Vian. El primero que leí fue corazón de oro, que me hizo sentirme identificado con Aulne, el ladrón. Quiero robarme mil corazones, quiero que me persigan, desechar los corazones en pos de la adrenalina y morir a manos de la infantil inocencia. 

Después leí Lobo Hombre, que como intuí sabiamente, propio de un genio de esos que solo se ven uno o dos por generación, estaba relacionado con la canción de La Unión. Denis, El Mago del Siam, El Boulevar, París, todo encajaba, la canción estaba basada en el cuento, había llegado a una conclusión irrefutable que ameritaba el reconocimiento de mis iguales. Les comparto el cuento por si alguien quiere leerlo. Lobo Hombre

Un dato curioso de Boris Vian para que no sientan que perdieron todo su tiempo aquí. Increíble personaje, hizo de todo, novelista, musico, poeta, actor, enfermo desde los 9 años, ingeniero, periodista y traductor, desdichado y de buen parecer, murió  a los 39 mientras en la proyección de una película basada en alguno de los libros que escribió con alguno de sus veintiocho seudónimos. 

jueves, 1 de julio de 2021

Querer

Hoy se muy bien que los secretos no existen, como pregona un poster en mi pared "the truth is out there". Sucede también que quiero tener secretos, pero tengo el impulso de contarle mis cosas a todo el mundo, un vano intento de convencerme de que aún es posible confiar en el resto.

Hace poco se supo algo que no quería que se supiera, no lo digo acá porque tampoco es algo de dominio público. Es algo que algunas pocas personas sabían, y que ahora, inexplicablemente, se volvió un tema de conversación normal del que me apeno constantemente. (no vale la pena tanto secretismo, de las 30 personas que habitualmente leen lo que acá se escribe, calculo que unos veinte lo sabrían ya)

La gran noticia ya no me anima tanto como lo hizo en un principio, apenas recibí la noticia estaba muy feliz, mi hermana fue la primera en saberlo, casi me pongo a llorar. Ahora es la gente la que se anima por mí, o al menos lo finge por cordialidad, a mi me deja un sinsabor, las cosas no son como uno se las imagina después de todo, pero siempre he preferido ser complaciente que displicente, solo sonrío y agradezco. 

Quiero muchas cosas, quiero poder escuchar Track Track de Fito toda la noche sin que me sepa a mierda, quiero tener una aventura con una rubia en Buenos Aires, quiero ir a Buenos Aires, quiero vivir en Ciudad de México y morir en Sonora, quiero un poemario (otro) de Adolfo Bécquer, quiero ver un partido en el Estadio Azteca, quiero comer fish n chips a la orilla del Támesis, quiero fumarme un ducado parado sobre mis pies descalzos sobre el Nervión (o Nerbioi para ser más justos).

No quiero ser feliz sintiéndome miserable, no quiero conformarme en la autocompasión, no quiero seguir trabajando en lo que lo hago, es mucho para poder digerirlo. Tampoco quiero fallarle a la gente, por eso no quiero renunciar. No quiero leer todos los libros que tengo en mi mesa, hay muchos que odio con ganas, que los compré únicamente por impulso, pero que si pudiera los reescribiría como Saramago para que nadie los leyera nunca. No quiero volver a encuadernar nada que yo haya escrito, es un trabajo patético que me costó varias pinchadas en el dedo y muchos nudos de boyscout, es un texto que se mantiene unido gracias a la melosidad que contiene en cada página. 

Quiero arrancarme la cabeza, y jugar fútbol con ella, mientras mi cabeza reposa sobre sus brazos, quiero subir Monserrate de rodillas, quiero hacer un curso de comedia con los Groucho Marx y después darle un puñetazo en la cara por no levantarse de su tumba, quiero bailar sobre la tumba de Germán Coppini, antiguo vocalista de Siniestro Total, no creo que haya algo mas punk que eso. Quiero comprar una lija en la ferretería y rasparme los tatuajes que tengo en el cuerpo solo para poder hacérmelos otra vez, quiero que Mefistófeles me proponga un trato que no pueda rechazar. 

Los problemas no parecen tanto cuando uno los ve en retrospectiva, el único inconveniente es que para verlos de esa manera hay que sobrevivir lo suficiente para poder mirar atrás, también hay que tener la valentía para poder mirar hacía atrás. 

Quiero dejar de cagarla con las personas que quiero, no quiero dejar de hacer lo que pienso que es mejor. Quiero empezar a escribir otro libro, no quiero deprimirme cuando tenga que leer la mierda de libro que escriba. Quiero oír a Calamaro toda la vida, no quiero conocer a Calamaro personalmente nunca en mi vida. Quiero quitarle mi cabeza cercenada de sus brazos, quiero poder sostenerla como Hamlet. Quiero besarla. No quiero olvidar nunca el primer poema que aprendí, pero si que quiero dejar de recitarlo ante burlas. 

Quiero de todo corazón que me cicatrice la pierna, quiero que mi brazo derecho tenga el mismo largo que el brazo izquierdo, quiero emborracharme y vomitar, intentar tragarme el vomito y que me caiga encima, quiero tocar a las puertas del cielo y salir corriendo cuando San Pedro venga a abrir.

Lo único que quiero ahora es dormir, soñar con Juan Francisco López Greene y pegarle 4 puñaladas en costado derecho, que muera como los hombres de verdad, con toda su vida volcada hacia la izquierda. 


sábado, 12 de junio de 2021

Diluido - Desagregado - Disperso

Fumo cigarrillo barato y sin filtro, tomo whisky barato y sin etiqueta, llevo el pelo largo y uso gafas, tengo 3 mudas de ropa, mi habitación es un cuadrado lleno de papeles. ¿Qué mas necesito para poder poner en mi perfil de Instagram que soy escritor? Al menos que me dejen poner -y que nadie me riña- que soy el sucesor espiritual de Bukowski, que porque yo me la jugué toda y tire los dados y bla bla bla.

En medio de un paro nacional. Estudiando una carrera que desprecio, con un tremendo peso sobre las pupilas de tanto dormir y de tanto estar despierto. En medio de la represión (brutalidad, violencia homicida) policial, trabajando con gente que admiro, enamorándome y desenamorándome días pares, confundiendo, confundiéndome, por sobre todo por ser difuso. En medio de días de lluvia y noches de más hijueputa lluvia, al menos se ve mermada la dureza al calor de un Ska mal bailado. En medio, entre, separando o uniendo, siempre estorbando en las relaciones de los demás, siempre tendiendo puentes. Días disimiles, donde a veces es sí, a veces es no, donde siempre hay para algo más, pero no siempre hay algo más.

Sobre el escritorio se levantan torres de libros, sobre el suelo se van erigiendo montañas de papeles arrugados y amarillos. Cartas sin marcar, cartas sin enviar... Pretencioso llamarlas Cartas, no es lo mismo una servilleta que un panfleto, pero ambas sirven para quitarse la mierda de la boca. Dejémoslo entonces en cartas, que por supuesto no vieron ni verán la luz. Al lado derecho de mi escritorio están los libros que debo leer, todos retazos de promesas sin cumplir, empezarlo y dejarlo abruptamente, eso representan aquellos regalos que me hicieron, que yo también hice, y que no pude rechazar a tiempo.

He intentado aprender a tomar fotos, mi hermana me regaló una cámara que nunca usaba y ahora me doy cuenta del peligro que implica tener una en mis manos. No me preocupo por correr la suerte de Henrichsen y grabar mi propio asesinato, me preocupa que estoy perdiendo el norte y ahora soy yo quien quiere disparar a la cámara, cuando ella no ha sido más que una maravillosa fuente de inspiración. No le disparo, pero alzo mi revolver diariamente contra ella y lo vuelvo a enfundar cuando el gatillo se me antoja demasiado, es un contrarreloj, o muero primero, o me la llevó conmigo. 

Como nunca fui un buen poeta, no hago parte de los poetas muertos, no soy un chico eléctrico, más bien un poeta puesto, de los que escribimos versos de amor el día de tu boda. 

La revolución en marcha, al menos por dos días, o por lo que te dure el ímpetu, lo que puedas seguir con la foto de perfil de la bandera puesta de cabeza, lo que puedas aguantar antes de parchar en Miami con el hijo de algún narco, lo que te tragues hasta que tapen una calle cercana y no te dejen movilizarte para ir a verte con tu pareja o con tus amigos. La revolución esa de la que hablas, que va contra todo lo político, que no busca polarizar sino unir todo en torno al amor más perverso y sádico, el amor al opresor, querer seguir siendo un enajenado, que nos perdonemos, ellos a nosotros por ser juventud, y nosotros a ellos por ser despiadados sicarios del capital. 

Siempre te agradeceré ser parte de la primera línea jurídica, yo por mi parte, aún siendo igual de abogado que tú, prefiero no meterme y jugar con la defensa técnica de nadie, no sabría que hacer. Hago pues, lo único que puedo, poner el cuero con mucho miedo. Amor y empatía, nada más que eso en las tres tristes líneas que puedo darme el lujo de escribir las cuatro veces mensuales en las que en Bogotá llueve todo el fincho. 

jueves, 15 de abril de 2021

Al Magdalena, mi amor.

Aunque muchas de las personas que me conocen me referencia como Cúcuta (o cucú, o alguna de esas ridículas variantes), la verdad es que nací en Barrancabermeja, no es algo nuevo, quien de verdad me conozca me habrá visto más de una vez mostrando mi documento de identidad. Un poco orgulloso de la sorpresa evidente de lo que se da por sentado y está mal, un poco también por mis raíces. 

Los ultimos años que viví en Barranca fueron raro, nací allí y después me fui con mis viejos a recorrer todo Santander. Tenía entonces unos 13/14 años, era gordo (pero realmente gordo, pesaba unos 70 kilos, hoy unos 7 años después peso más o menos lo mismo), un poco de acné y muy poca confianza. Era de esos pelados que no hablaban con nadie y producían ternura más que otra cosa. 

Nunca me he considerado muy agraciado, siempre he pensado que soy simpático, en la misma clave que lo dicen las mamás cuando no quieren admitir que su hijo es feo. A pesar de que hoy en día ha mejorado un poco mi imagen, y que se que quizá la noción de otras personas no es tan mala como la propia, no creo que mi figura ni mi cara sean llamativas por si solas. 

Cuando llegué a Barranca (11/12 años) me metieron a un colegio de esos de elite petrolera, que abundan en la ciudad y que no es muy difícil acceder cuando todos tienen un familiar con plan educacional de Ecopetrol. A pesar de haber llegado a la ciudad (o pueblo) que me vio nacer, siempre fui el diferente. Hablaba diferente que al resto, me gustaban cosas que a nadie, me sentía quizá un poco más culto por haber vivido en Cúcuta (típico error de niño). En esos momentos un niño con pocos amigos y con gustos disimiles a lo normal para el estándar ve solo una salida, mentir, mentir como miente un condenado a muerte. Total, nadie sabrá nunca como era antes.

Para mi juvenil sorpresa siempre hay algo de atención sobre lo que no es igual, a pesar de que era muy raro, la gente no me cerró las puertas, y siempre fue un logró hablar con el nuevo (y foráneo). Aunque diga que era algo tímido y cerrado, la verdad es que tenía lo justo para poder hablar con otras personas y tratar de entablar amistad, lo que no era tan sencillo para mi hermana que siempre ha sido un poco mas cerrada con la gente.

Recuerdo mucho que en esa época me gustaba el anime, creía ser otaku. En Barranca esto era algo más normal que en Cúcuta (o quizá entre la gente que conocí en ambas ciudades), de las primeras cosas que hice cuando llegué al magdalena medio fue comprarme una libreta de esas que simulan ser una Death Note, acto seguido, escribí el nombre de los compañeros que más me molestaban por gordo y por hablar siempre como si estuviera enojado (muy cucuteño el asunto). Luego me di cuenta que realmente no me llevaban en la mala, solo era la forma clásica en la que sus papás les enseñaron a entablar relaciones. Primero tener una rencilla con alguien y después volverse amigos a raíz de eso. En ese momento no caí en cuenta, mi papá a pesar de estar todo el tiempo para uno, siempre fue una figura distante, entonces me comportaba más como lo hacía mi hermana, lo que a mí me tachaba de afeminado, y a mi hermana de machorra. 

Fueron pasando los meses y logré crear lazos. Ya no me quedaba en el descanso apartado de todos escribiendo nombres en la libreta, sino que iba a jugar futbol con el resto de mis compañeros. Una vez una chica cuyo nombre era Emily se sentó junto a mí cuando escribía cosas en la libreta, me preguntó que era eso, sabiendo desde el inicio la respuesta que iba a recibir, pues también conocía la serie. Vio los nombres de mis compañeros y nos reímos, hablamos lo que duro todo el receso y después entre cierta complicidad propia de un muchacho gordo y tierno, y una chica mayor que tampoco quería a sus amigos nos dimos un pico.

Recuerdo mucho a quien hizo el primer acercamiento para ser mi amigo, se llamaba Carlos Daniel, pero nadie le decía Carlos. Daniel tenía una cicatriz en la frente que se hizo una vez bajando mangos de un palo, era un pelado inquieto, el primer "l'enfant terrible" que conocí, me agradaba su amistad, no buscaba nada en contraprestación, solo alguien que no le corriera, y yo, que tengo una paciencia a veces exagerada, le restaba importancia a su hijueputez y valoraba lo bueno.

Después de él vino Santiago Elías, a él si lo llamaban por su nombre completo, aunque después me confesó que odiaba el Elías, le parecía nombre de señor (y razón no le faltaba), entonces simplemente lo llamaba Santiago, en contadas ocasiones Santi. Él era diferente a Daniel, era más parecido a mí, le gustaba el anime y tampoco era muy versado en el ámbito social. Gracias a él me vi por primera (y única vez) Katekyō Hitman Reborn!. También salí por primera vez solo en Barranca para encontrarme con él, fuimos al único centro comercial que había en la ciudad, a comprar figuritas de Anime. 

La relación con Eduardo fue inesperada. Él era de lo más popular que estudiaba conmigo, un negro bien portado y con una energía que envidiaba. Era buena persona con todo el mundo, pero mantenía las distancias con las personas que consideraban que no le traían nada bueno. No era muy bueno en historia, nos conocimos como lo hacen los personajes de series de Netflix y fanfictions, en un trabajo en grupo en el que lo ayudé. Años después Eduardo le escribió a mi hermana invitándola a salir. 

Finalmente llegó Elner, amigo de Eduardo y Santiago (los tres habían estudiado toda la vida en ese colegio). Elner era también negro, pero se burlaba de Eduardo por ser negro, y de Elías (así lo llamaba él) por ser mono. De mí se burlaba por ser gordo, aunque después eso pasó a segundo plano, pues yo no le prestaba atención a eso (realmente estaba gordo, no había forma de negarlo). Era el bully de buen corazón que se ve avocado a actuar así pues la vida lo trataba mal y el se desahogaba en el resto. Siempre recordaré el peor chiste con el que me reído, que salió de su boca en un descanso. 

- Vanegas, ¿qué es negro por dentro y amarillo por fuera?
- No sé... ¿un pollito sucio?
- NO, ES EDUARDO EN UN TAXI JAJAJAJA

Ese mismo año (mi primero desde que regresaba a Barranca) conocí a quien de por primera vez me enamoré. Se llamaba Carolina. Es aquí donde Wilde diría que ella tenía la cara más linda que hubiera visto nunca, pero no tengo la prosa de Wilde para hacer el intento. Carolina también llevaba muchos años en esa institución, siempre hablamos y tonteamos pero nunca pasó nada, supongo que también me veía como alguien tierno, mientras yo escribía poemas y arrancaba flores (maleza) que nunca me animé a entregarle. A Daniel también le gustaba, yo lo sabía, él sabía lo mío, aunque nunca se lo dije. Si hoy en día soy un poco dormido (y que le pregunten a Laura), en esa época Morfeo me besaba todas las noches para que nunca despertara. Siempre tuve un gusto secreto por ella, creo que es la primera vez que lo admito en publico. Hace unos años la seguí en Instagram, hace poco ella me siguió en Twitter, a lo mejor ya no se acuerda de mí, pero siempre la guardaré con el cariño de un primer amor que no fue. Creo que ahora estudia odontología en Bucaramanga.

También estaba Leslie, que fue la segunda chica que me dijo que yo le gustaba. La primera fue en Cúcuta y me regaló para mi cumpleaños unos barquillos de chocolate, que yo rechace pues no me gusta el chocolate (al llegar a mi casa le conté a mi mamá y me regañó por semejante desplante). Con Leslie me cuide y traté de actuar correctamente, todo muy cordial, siempre aprovechando que era amiga de Carolina y preguntándole por ella. 

Ese primer año conocí a alguien se apellidaba Vanegas, que no era ni mi papá ni mi hermana (y desde luego tampoco familiar mío). Estaba un curso arriba y estaba tragado de Emily, se llamaba Germán, un buen pelado, algo madurado para su edad.

En el segundo año conocí a quien fue mas cercano, se llama José Luís, ahora era él el nuevo y venía de Bucaramanga, yo le hice la inducción en el colegio. Recuerdo que friki con mayúsculas, no le daba pena decirlo, jugábamos por las tardes en los café internet y nos compartíamos cosas, yo siempre con el recelo de que la gente se enterará de que yo era friki, pero nunca con pena de que supieran que era amigo suyo. Santiago se nos unió más tarde y nos llevábamos muy bien. Una vez nos invitaron a otro colegio, él fue a unas olimpiadas matemáticas y las ganó. Yo fui a un concurso de deletreo (que perdí) y a recitar poesía (que olvidé por los nervios a la mitad, un simple poema de Neruda, que mi profesora de literatura se había esforzado en enseñarme). También invitó a salir a mi hermana, creo que ahora estudia alguna ingeniería en la universidad de La Sabana y le va bien. 

Con todos ellos he perdido el contacto, no soy muy bueno cuidando amistades viejas, más aún cuando he cambiado tanto de como era en ese entonces. Cada uno tiene su estrella y debe seguirla, a veces quisiera hablar con alguno de ellos, vernos, que me critiquen por como soy ahora, que me cuenten sus chistes nuevos, que recordemos con nostalgia aquellas tardes en las que no hacíamos nada, que usábamos camisa y chaleco en una ciudad con +36 grados centígrados. Después pienso mejor y entiendo que no quieran tener nada que ver con una persona como uno (no por nada en especial, simplemente diferentes), sin embargo no dejo de agradecerles por haber influido en lo que soy y los guardo con cariño. 

A veces quisiera volver al Magdalena y sentarme en el puerto, tomarme unas cervezas a las seis de la tarde con los borrachos que dicen que siguen trabajando, fumarme un cigarrillo a la orilla del rio y tirarme en su espesa agua para nunca salir. 




viernes, 9 de abril de 2021

Mientras llueve

Solía tener una amiga con la que estudié en el colegio, pero que se volvió amiga después de eso, a decir verdad no sé si sigamos siendo o no amigos. Ella me gustaba un poco, de esos amores adolescentes que no terminan en nada, que se mantiene vivos por la ilusión y por el deseo (aunque nunca hubo nada entre los dos).

Una vez la invité a salir, mas en broma que en serio. Fuimos a un bar, hablamos un poco, bebimos un poco (yo una cerveza y ella un jugo de fresa), salimos del bar y nos ofrecieron entrar a una reunión de alcohólicos anónimos que se desarrollaba en una pizzería. Ya llegaba la hora de irnos, ella pidió una moto y yo me fui caminando hasta la estación de Transmilenio mas cercana (20 min aprox). Mientras esperábamos que llegara el transporte de ella pensé en besarla, nunca pasó. Tampoco sé si ella quería eso. Algunas veces lo memorable no es lo que pasa, sino lo que deja de pasar. Recuerdo llegar a mi casa y recibir por voz de ella la noticia de que casi moría por culpa del gas lacrimógeno que chupó cuando se regresaba por la 30 en moto.

Otra vez salimos a un café en el centro, mismo café al que mi jefa me llevaba cuando la acompañaba a los juzgados, decía que era mi premio por cargarle los papeles y acompañarla por sitios donde ella no se metería sola. No lo hacía por un premio tampoco, solo lo veía como parte de mi trabajo. En ese café (¿patria? puede ser) la invité a tomarse un mísero tinto, cosa que no fue tan mala hasta que tuve que pagar y me tocó pedirle prestado porque no tenía más plata para pagar. Recordé que alguna navidad una tía bruja me "enseñó" a leer el café, o más bien, a leer lo que queda después de tomarse el café, o más bien, a hablar mierda sobre la marcha mientras se miran las paredes de un pocillo manchadas por gotas negras. 

Esta chica con la que salí un par de veces, cuyo nombre no diré porque no quiero perjudicarla, que me reprochó recientemente porque la había olvidado (fíjate tanto que te olvide, mamona), me regaló o me prestó, ya no recuerdo bien, un libro de Soto Aparicio. El libro era una edición muy vieja, en la primera pagina había una dedicatoria -obviamente no para mí- medio borrosa pero muy sentida, creo que perteneció anteriormente a la mamá o a la tía de mi amiga. El libro es bueno, la forma en la que escribe Soto Aparicio siempre me ha parecido deliciosa, lo sé porque el nunca definiría su estilo culinariamente, pero es tan fidedigno y consecuente con el mismo que con eso me basta, no hay cabida para el realismo mágico, si lo hay para algo, será para la trágica realidad. No les haré un spoiler del libro, suficiente con que sepan que lo recomiendo y que ahora mismo me siento como Fernando, que ocupa un papel mas bien irrelevante en el libro (más no en la historia).

Antes de terminar el libro, una noche que lo quise leer con voluntad y no con los ojos, pues mi cuerpo se negaba a pararse de la cama y prender la luz, cometí un error. Pensé que con un poco de cafeína y sana terapia podría convencerme de leer un poco y equilibrar mis ganas con mis posibilidades, pensar en la madrugada a veces deja malas decisiones. Me hice un café y me senté en el escritorio a leer, después de leer la primera hoja moví la mano hacía el pocillo y la cagué. Todo encima del libro, secarlo y esperar que no me lo pidiera nunca.

La vida siempre es problema tras problema (y que problemas), me pidió el libro y no le pude dar largas por mas de tres días. Me vi entonces en la penosa situación de tener que conseguir dos libros, uno que devolverle a ella y otro para mí, pues me había gustado mucho. A cada puerta que se abre se cierran dos ventanas, el libro no es muy difícil de conseguir, no está en cualquier Panamericana, pero encontrar una versión que se pueda leer es un trabajo de 1 hora en el sitio indicado. El problema era encontrar una versión que se pudiera leer más de una vez, no un simple libro para decorar el estante, sino un libro para poder manosearlo, al menos para mí. 

De esta forma, la búsqueda del libro se extendió innecesariamente, un poco por mi falta de voluntad en el tema, un poco por la dificultad, y principalmente por la negativa a deshacerme de un pretexto para poder hablar con mi amiga. 

- Hey, ¿cómo vas?
- Bien, las cosas de maravilla... Oye, recuerda que tienes mi libro, aún lo estoy esperando.
- Sí, sí, sí, ahí lo tengo, siempre olvido empacarlo y dártelo. ¿Te parece bien que nos veamos en estos días para tomar algo? Conozco un lu-
- Mira Camilo (aquí rompo la cuarta pared si se quiere, pocas personas se refieren a mi con mi nombre de pila, entonces no creo que sea necesario aclarar que esto nunca paso), estos días estoy un poco ocupada con todo, cuando tengas mi libro lo puedes dejar en la portería de mi edificio, sabes donde vivo.
- Entiendo, no pasa nada. En estos días hablamos, que te vaya muy bie-. Ah parece que se cayó la llamada.

Y así pasaron los días, finalmente le devolví el libro y pasó lo que tenía que pasar, dejamos de hablar. De ella guardo entonces tres recuerdos valiosos, el primero de ellos, haber conocido Mientras llueve, que me dejó marcado de por vida, o al menos en los primeros capítulos (o como Soto, los primeros días de este diario). La segunda cosa, una pequeña novela de Dostoyeski, que está muy lejos de ser lo mejor del ruso, pero que sí me sirvió para sentirme inmensamente miserable y que me hizo pensar en el cuento del capote de Gogol. La tercera cosa son esas anécdotas, porque me da muchísima risa saber como me comporto, verlo en retrospectiva, y saber que a pesar de todo la gente sigue hablándome. 

lunes, 5 de abril de 2021

Para L

Hay quienes dicen que las cartas de amor no son para publicarse, de las cartas de odio mejor ni hablar. Dicen que estas tienen un receptor especifico y no se que otras cosas, porque realmente desconozco personas que sigan pronunciándose sobre las cartas de amor en pleno 2021.

El emisor de este mensaje será el mismo receptor, y quien quiera leerlo, por supuesto. Pero debo advertir a todos (a mí mismo incluido) que lo escrito aquí se le atribuye todo a una sola persona.

"Yo tampoco sé vivir, estoy improvisando" comenta el gran Javier Ibarra en vivir para contarlo. Las decisiones mas difíciles siempre son duras, siempre quedara la duda de si se actúo bien. Poco importa, lo hecho, hecho está, y deshacer las cosas no siempre es lo mejor, ni lo oportuno. 

¿Conocen esa sensación de querer mucho a alguien pero no poder estar con esa persona? Todo se desmorona a veces, y es mejor irse antes que derrumbarse - o esfumarse - y dejar a la otra persona tambaleándose. No hay que mentir, se que son palmaditas en la espalda lo que estoy haciendo, si yo me lo creo supongo que el resto me seguirá y lo creerá conmigo ¿no es así?.

Aquí va una confesión, otro día domingo que me despierto pensando en que será la ultima vez (o que debería serlo). Miro mi cara, todo en orden, no estoy desfigurado por lo menos. Me levantó y cojeo, miro mi pierna y de izquierda a derecha un rasguño de una profundidad no tan modesta me impide apoyarla, bueno, el tiempo todo lo cura. Reviso mi billetera, que más bien parece una cartera, porque no tiene ningún billete, pero si muchos papeles inútiles. En la sala están los amigos, me cuentan como estuve anoche, al menos las lagrimas y la sangre son algo muy diciente, preguntas están de más.

Mis días has estado rodeados de Julio Jaramillo y de Hertzainak, la pierna como el corazón sanan, y la pierna como el corazón no se pueden dejar de usar. Siempre será placido arroparse en la nostalgia y la melancolía, pero no siempre se pueden hacer las cosas que se quieren. 

Esta vez opto por omitir todo tipo de cursilerías, no porque me de pena escribírtelas, al menos no después de haberte dedicado uno o dos poemas adolescentes, alguna carta y un cuento mas bien descafeinado, no seré cursi porque no hay necesidad. Las cosas no siempre pasan por una razón, otra mentira de la meritocracia y el causalismo que nos creímos, lo dicho seguirá estando dicho, sin embargo eso no me quita la posibilidad de recordarte lo estupenda que eres, que fuiste y que (espero) seguirás siendo, porque has sido de lo mejor que me ha pasado, pero como las mejores cosas también terminan, el dolor y la pena no se pueden evitar, no se pueden extender lenta e innecesariamente tampoco. 

No llores por mí negra, no he ido a la guerra ni he muerto, me encuentro bien. Estoy cambiando, estoy intentando cambiar. Pienso en ti bastante, pienso mucho las cosas, pienso en muchas cosas, pero se que lo que hago es lo mejor que puedo hacer. Espero que algún día creas en ti casi tanto como yo lo hago, espero que te encuentres bien, se que escribir estas líneas no es lo más justo, pero te pido esta ultima licencia, simplemente no me guardes rencor. 

martes, 23 de marzo de 2021

Un año

Han pasado casi 12 meses desde que escribí aquí la primera entrada. Todo nace a partir de mi necesidad de abrirme y compartir algo con alguien, con un anónimo que no me responda, pero que me escuche. Bah, la verdad todo empezó porque una persona a la que quise mucho me dijo que debería empezar un blog. 

No soy el mejor escribiendo, eso desde luego queda claro. La entrada de este blog más leída tendrá unas 300 visitas (me miento, la verdad no las he visto y no quiero hacerlo), es algo bastante intimo pues nunca escribo de nada en concreto, y siempre escribo más de lo que debería. 

Ha pasado un año, las cosas han cambiado, todo tiende a cambiar, todo tiende al caos. Una vez en bachillerato un profesor me dijo que la historia era cíclica, en ese momento no le creí, ahora ha pasado un año y las cosas no han cambiado mucho, no se si hallarle razón, o quizá proponer estúpidamente que la historia es estática y que nada pasa realmente (así Piero nos diga lo contrario).

Conocí mucha gente, me hice cercano a mucha gente, me aleje de mucha gente, me reencontré con otra gente. El infierno son los otros, bla bla bla, el infierno es no saber como actuar, el infierno lo busca a uno, te encuentra estés en una trinchera en Vietnam, estés subiendo los Alpes, dando un paseo en Times Square, cruzando la Av. Jiménez, el problema no es que te encuentre, el problema es que siempre estará la posibilidad. El diablo está en los detalles, y los detalles lo son todo.

Hoy me encuentro un año después, el nombre del blog se lo dediqué a Elliott Gould, quien en la adaptación cinematográfica de "El largo adiós" interpreta el papel de Philip Marlowe, a quien como un chiquillo inocente idolatro porque no existe. El hombre que amaba a los perros era un asesino, realmente tu ídolo mató a Trosky. 

Simplemente hay momentos en los que no se sienten bien las cosas, y no hay una razón en particular (pero siempre la hay). Gracias a la gente, nos permiten creer en el valor de las personas, el infierno jamás serán los otros, si acaso nuestra única salvación. Gracias a ustedes, prescindo de sus nombres, espero puedan encontrarse en esta ultima línea. 

Solo hay dos cosas que quisiera ahora, la primera no la puedo decir. La segunda es muy simple, quisiera estar en el desierto de Sonora y poder hablar con Cesárea Tinajero.