"Hoy estoy, un poquito triste, ¿Cuándo no?"
Así reza mi canción favorita de Loquero, una banda que cuenta con 18k oyentes mensuales, unos argentinos que no escriben bien, que no cantan bien, que no tienen buena imagen, pero que todo lo que hacen mal lo hacen con el corazón, o al menos con la convicción juvenil de estar haciendo lo que quieren hacer.
Han pasado algunos días. Llovieron criticas, llovieron amenazas, llovieron mensajes y chistes, y se derrocharon noches pensando en que pasaría. Me arrepiento de lo que hice, aprovecho para aclarar que esto de ninguna manera puede ser considerado una confesión (guiño, guiño, señores fiscales). Lo que hice fue una gamberrada, pero sigo creyendo que lo del sistema™ es criminal.
Me llamaron bobo hijueputa de frente, a mis espaldas, de lado, en cursiva, en negrilla, por lo bajo y apretando dientes, gritando y señalando. Se que no estuvo bien, me arrepiento de lo que hice, no lo había pensado en su dimensión correcta. Si usted también me puteo, bien, supongo que lo habrá hecho sentir mejor y era algo que yo merecía (amenazas quizá estuvieron de más, pero vivimos en la sociedad de la violencia).
Tampoco voy a pedir perdón eternamente, no creo que nadie le importe tanto mi figura (al menos eso creí). He pensado mucho en el punitivismo, en ultimas estudio derecho, -¿y por qué no decirlo? También podría ser un criminal- y he llegado en a la conclusión (inaudita) de que no importa realmente la resocialización de las personas, importa el adoctrinamiento y la exclusión, y lo que es mejor, la exclusión de aquel adoctrinado. Pagar condena es inútil, cambiar es inútil, lo único que servirá será ser aquel señalado, aquel con quien compararse cuando se esté en horas bajas. "Al menos yo no soy un maldito criminal como ______", la gente mira con desprecio al criminal, a aquel que busca justificarlo, a quien se atreve a hablar de análisis sociológicos cuando hay un comportamiento de por medio, porque todos sabemos que esta bien y que está mal, y quien no lo sepa es un maldito malhechor.
¿Pagaste condena? Muy bien, ahora eres un poco mejor que esa basura criminal, pero sigues siendo mucho menos que nosotros. Pensándolo bien, no eres un poco mejor que esa basura, eres esa basura.
A nadie le importan una mierda los presos, los criminales, ese excremento social, al que toda sociedad aspira eliminar. Buscamos aniquilar a los delincuentes, no a la delincuencia. Esto lo escribo para ustedes, para nosotros, para todo el que no quiera perder su condición humana, para quien aún tenga algo de decencia, siempre del lado de los presos, porque la sociedad se divide en dos, sí. Los de arriba y los de abajo.
En la foto, Leila Khaled, Bobby Sands, Sacco y Vanzetti, Gerry y Giuseppe Conlon, Atticus Finch y Claudia Falcone. El texto es un Poema de Rafael Alberti, El prisionero.
Para todos los presos políticos, o sea para todos los presos.
Lo siguiente que escribo hace parte de la catarsis que es este recopilatorio de notas que llamo blog. Bien puede ignorar el resto, bien puede leerlo y reír.
Al momento de escribir esto he pensado muchas cosas, he decidido renunciar a muchas otras. La academia por un lado me la resbala, intenté entregarle mi vida como quien busca una persona con la que hacer el resto de su vida. Fracasé.
Intenté entregarle mi vida al trabajo, a alguna causa. Fracasé. El desorden es lo único que organizo en mi vida.
He intentado compartir mi vida con alguna persona, sigo fracasando. No dejaré de intentarlo, ¿Qué sería de mi entonces? No es culpa de nadie, aunque nadie tiene dos nombres y dos apellidos, y nadie nació en Barrancabermeja.
"Si Adelita se fuera con otro, la entendería completamente"
Creí entonces que lo adecuado sería no entregar mi vida a nada, a nadie. No ha resultado ¿por qué habría de hacerlo ahora? El peso de una vida es demasiado, no creo que nadie pueda cargarlo. Ni la propia, ni la ajena. Mi vida está reposada sobre mis cercanos y cercanas, sobre páginas escritas por mí o por Chandler, o por Bécquer ,o por Urasawa, sobre cintas dirigidas por Cameron, por Joon-ho, sobre la música de The Clash o de Javier Ibarra, sobre recuerdos de Laura, de Valentina, de Juliana, de Ana, de Liseth, de aquellos que ya no están, de aquellos que espero estén. Sobre la figura de Laura Díaz Kelsen, sobre Philip Marlowe (a cuya figura este blog le rinde honor), sobre Raskólnivok, Sobre Constantine, sobre infinidad de personajes sin nombre, ni rostro, solo silabas que persigo en sueños.
Creo, sin lugar a ninguna duda, que mi tatuaje mas significativo está sobre mi antebrazo derecho, una simple línea, unas curvas, un barco.
Hoy me di cuenta más que nunca que mi vida está volcada al resto, no es una molestia, es simplemente darse cuenta de que vivimos para los demás, que buscamos vivir en los libros de la buena memoria del resto.
Aprecio mucho a la gente, no se como corresponder ese cariño, no se como hacer muchas cosas. Creo en el poder de las palabras, acaso porque es lo único que quedará una vez me haya ido, una vez se hayan ido todos. No creo que haya nada más poético que la cruda verdad, así esta esté embalsamada entre florituras y pequeños detalles que nos hacen perder del foco.
Hoy escribo porque siento que todo va en picada, una suerte de caída parabólica, de esos ejercicios en los que tenemos que despreciar la resistencia del viento. Indudablemente las cosas irán mejor, eso es apenas obvio. La verdadera cuestión es cuándo.
No seamos ingenuos, la vida no nos debe nada, el karma no existe, o bien es azar o bien es simplemente el resultado de nuestras acciones. Yo solo quiero pedir perdón a las personas que he lastimado, que hoy se que son bastantes, a quien alguna vez le dije algo feo, con quien alguna vez tuve un gesto feo, a quien le dedique una canción bastante fea en francés, a quien deje tirada cuando menos lo esperaba. A quien le di mas de lo que necesitaba, a quien le correspondí -confundido- de maneras equivocas, a quien le presté mi apoyo cuando no lo pidió y no lo quería.
¿Qué te importan todos lo demás? el silencio, el cansancio, el odio y la tristeza.

No hay comentarios:
Publicar un comentario