martes, 23 de marzo de 2021

Un año

Han pasado casi 12 meses desde que escribí aquí la primera entrada. Todo nace a partir de mi necesidad de abrirme y compartir algo con alguien, con un anónimo que no me responda, pero que me escuche. Bah, la verdad todo empezó porque una persona a la que quise mucho me dijo que debería empezar un blog. 

No soy el mejor escribiendo, eso desde luego queda claro. La entrada de este blog más leída tendrá unas 300 visitas (me miento, la verdad no las he visto y no quiero hacerlo), es algo bastante intimo pues nunca escribo de nada en concreto, y siempre escribo más de lo que debería. 

Ha pasado un año, las cosas han cambiado, todo tiende a cambiar, todo tiende al caos. Una vez en bachillerato un profesor me dijo que la historia era cíclica, en ese momento no le creí, ahora ha pasado un año y las cosas no han cambiado mucho, no se si hallarle razón, o quizá proponer estúpidamente que la historia es estática y que nada pasa realmente (así Piero nos diga lo contrario).

Conocí mucha gente, me hice cercano a mucha gente, me aleje de mucha gente, me reencontré con otra gente. El infierno son los otros, bla bla bla, el infierno es no saber como actuar, el infierno lo busca a uno, te encuentra estés en una trinchera en Vietnam, estés subiendo los Alpes, dando un paseo en Times Square, cruzando la Av. Jiménez, el problema no es que te encuentre, el problema es que siempre estará la posibilidad. El diablo está en los detalles, y los detalles lo son todo.

Hoy me encuentro un año después, el nombre del blog se lo dediqué a Elliott Gould, quien en la adaptación cinematográfica de "El largo adiós" interpreta el papel de Philip Marlowe, a quien como un chiquillo inocente idolatro porque no existe. El hombre que amaba a los perros era un asesino, realmente tu ídolo mató a Trosky. 

Simplemente hay momentos en los que no se sienten bien las cosas, y no hay una razón en particular (pero siempre la hay). Gracias a la gente, nos permiten creer en el valor de las personas, el infierno jamás serán los otros, si acaso nuestra única salvación. Gracias a ustedes, prescindo de sus nombres, espero puedan encontrarse en esta ultima línea. 

Solo hay dos cosas que quisiera ahora, la primera no la puedo decir. La segunda es muy simple, quisiera estar en el desierto de Sonora y poder hablar con Cesárea Tinajero.

 


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