sábado, 24 de mayo de 2025

Cuentanos un poco sobre ti

 

Extrañezas y "Cuéntanos un poco sobre tí (maximo 200 palabras)"

 

Extraño la época del "Tararea" del "sarri sarri" del "quién va?"

La época de parches de 20 personas, el todos contra todos y los peos que ocasionaba después, el tener clases y nunca ir, el estar enguayabado y siempre oler a cigarrillo. Extraño mis botas dr Martinez, una negra y otra roja. La correa roja que me llegaba a las rodillas. La camisa dentro del pantalón. Extraño que fuéramos todos mechudos. Los dedos amarillos, la tos con sangre, los mocos rosados. Me hubiera gustado pelear más, que me pegaran o yo pegar, probablemente lo primero. Recuerdo con cariño la época en la que le pedía el Instagram a las meseras y me lo negaban. Extraño ir todos los jueves a dónde Nora (realmente Nohora) y jugar a qué atendíamos. Llamar cerdos a los tombos, y gritarles que había que estudiar para no ser como ellos, y que no me importara si el cerdo es un animal noble y que hay un clasismo implícito en esa frase. Extraño que me sacarán de bares por meter trago encaletado en la bota del pantalón. Ir a bailar y no quedarme quiero aunque solo me supiera un paso.

Ser tan inquieto que no me perdía la movida de un mueble.

Extraño creer que podía cambiar el mundo y que iba a ser famoso y exitoso.

Extraño ser menor que todos los jugadores de fútbol, extraño ser más inteligente que la gente que conozco, no tener panza, no tener los dientes rotos y manchados. Extraño inmensamente a mi perrito, a mi exnovia, al socio q se murió (porque no se puede morir con 20 años), extraño la cazuela de mariscos de pacomar, ir al segundo piso del alejandría a comprar juegos para el Xbox a 5k, acompañar a mi mamá los fines de semana a hacer mercado en el centro y que me comprara un jugo de mandarina en el ley. Extraño a mis profesoras Cristina y Claudia, que me enseñaron lo único que aún me gusta y con las cuales tengo una deuda eterna. Extraño estar en el colegio porque era ñero y guiso y no me importaba. Fumar marihuana detrás de la cancha de fútbol y luego vomitar por la culpa de la pálida. Ser coqueto con las compañeritas. Ser un pirobo perdedor pero ser feliz.

Extraño la ruta K23 cuando era biarticulada porque ahí conocí a Ana y me enamoré de ella y luego fui malo con ella y nunca más supe de ella (creo que ahora vive en Cali). Extraño ir al skatepark para sentirme malo por fumar y escuchar crack family, nunca aprender nada.  Cambiar de hobby cada dos meses, enamorarme todas las semanas y ser un envidioso de mierda porque otros eran más bonitos, tenían más plata, eran más inteligentes.

Lo único que tengo es ese poema de Henry IV y un

Mi próximo libro se va a llamar "solo me buscan las centrales de riesgo". Otro que tengo en la lista "Todas mis exnovias están locas". Mi libro autobiográfico "La verdad detrás de un mentiroso compulsivo". Mi colección de cuentos "Mil y un maneras de contar cosas que no sucedieron". Mi editorial se va a llamar "La tristeza institucional" porque alguien fue más listo, más rápido y ya habían tomado "la felicidad clandestina".

Mis animales favoritos son los perros y los ratones, tienen en común que son los eternos enemigos de los gatos.

Mi color favorito es el negro o el morado, aún no me decido.

Me quisiera tatuar el nombre de mi exnovia, pero no creo que ella quiera, no creo que yo quiera realmente, y nadie más en el mundo tiene ese nombre entonces que embolate.

Mi talla de zapatos es 43.

Cuando era pequeño mis papás me regalaron un microscopio de juguete y yo le sacaba las garrapatas a Thomas para examinarlas ahí.

La primera vez que me rompí el diente fue cuando me caí contra el borde de una máquina de spinning. Las veces siguientes han sido comiendo arepa.

Una vez mandé un libro titulado "No tengo EPS pero lo importante es que hay salud" a Penguin Random House Colombia. Sigo esperando que me respondan.

No me gusta Barranquilla para vivir, tampoco Barrancabermeja. A Cúcuta y a Bogotá sí les tengo aprecio.

La primera vez que fui solo al estadio le pregunté a una familia si me podía hacer con ellos porque me daba pena estar solito. Tenía 20 años.

Una vez estaba muy borracho y me vomité encima mientras iba en un Transmilenio.

Más ideas para libros "Memorias de un transeúnte sin carro" sobre como me toca caminar a todos lados porque no se manejar carro mecánico a pesar de tener licencia. "Leo libros en la ducha y me baño en la biblioteca" una biografía ficcionada sobre la vida de Mario Santiago Papasquiaro, pero como si yo fuera un cuarto de lo genial que fue Bolaño.

"La vida es lo que pasa mientras vas en un bus repleto" sobre un adolescente que vive muy lejos y todos los días le toca andar 2 horas en un bus.

"Cuando tengo sueño y no puedo dormir, me pajeo con porno de abuelitos" una crónica sobre como un amigo logró vencer al insomnio con medicina natural.

 

Cuando David Bowie escribió all the mad men lo hizo pensando en su hermano que sufría esquizofrenia y se suicidó.

 

En el colegio una vez me subí a cantar "Wake me up when September ends" en una izada de bandera.

 

Una vez me enamore de una mujer y le mandé un audio de 30 minutos leyendo todo el segundo canto de Altazor.

 

Cuando era pequeño les robe a mis papás dos millones de bolivares fuertes (casi 30 mil pesos colombianos).

 

"No creo en el amor a primera cuota" un libro sobre una mujer que se peleaba con su novio porque el tipo era muy tacaño.

 

"Como aprender a caminar paso por paso" un manual con todas las instrucciones necesarias para aprender a caminar paso por paso.

 

Pankracio es el nombre que yo le pondría a una banda de punk.

 

Mi primer hijo se va a llamar Ulises (sí mi mujer me deja)

 

Yo creo que Aurelio Cheveroni es gay

 

Todos mis enemigos son imaginarios y aún así me tienen acorralado

 

Foster Wallace escribió un libro sobre como la gente rica es infeliz y poco interesante. En ese momento ya era rico. Luego se suicidó. Todas las historias de amor son historias de fantasmas.

 

Extraño mucha ropa que he ido perdiendo con los años. Me roban más que la que me robo

martes, 8 de abril de 2025

Míplica

 

Telescopio

Meridiano de sangre, parece que esta vez sí será adaptada al cine - Primer  borrador

 

Una hormiga alcanza las estrellas subiendo a la cima de un árbol. Nosotros -insaciables- tenemos que tocarlas hasta desintegrarnos.

Otros lo tienen más fácil. En lugar de buscar las estrellas apuntan un poco más bajo. Ya no sueñan con llegar a ellas, sino con convertirse en una. Buscan adelantar lo inevitable, debido a que no soportan el sufrimiento, pues a la hora de la muerte todos somos la estrella.

Unos pocos se ven condenados al estrellato. Da lo mismo quedar esparramado sobre la calle en una estrella negra o en el firmamento en un punto blanco. El choque nos da una importancia que no pedimos y que no sabemos manejar.

Los últimos, que no tenemos ya un lugar a donde pertenecer, buscamos una estela que marque el camino. A veces los lugares lo superan a uno. A veces uno los supera a ellos. Buscar estrellas en la mar o en la espuma. Los más son los condenados a travesías y epopeyas, pero son los menos quienes pueden emprender el viaje.

Renuncio al “sin novedad”, al “cero resultados”, al “no hay sistema”, al “inténtelo nuevamente”. Cada uno verá en que gasta su vida, pero ciertamente no querer alcanzar las estrellas es malgastarla. Quien sufre con resignación mata poquito a poco su tormento.

Si todo el año fueran vacaciones, divertirse sería tan tedioso como trabajar. Rara vez llegan los accidentes, pero esas estrelladas son lo único que nos saca del sopor.

No quiero comodidad. Yo quiero a Dios, quiero poesía, quiero peligro real, quiero libertad, quiero bondad, quiero pecado.

Mucho imbecil autista (IA)

 

Manifiesto por la IA

Foto realizada con Inusual Aptitud (IA)

La idiotez auténtica, la inteligencia artesanal, la ineptitud adecuada, la implicación argonautica, la integridad amoral.

En defensa de los que no se pueden poner de pie porque solo tienen patas, he salido a decir que los animales (como los burros) también deben tener acceso a la IA IA IA IA.

Cansado de lo real en un mundo de ilusiones, opto por alimentarme a base de relatos. Todo aquello que se puede contar es verdadero.

Los algoritmos son una secuencia de números, y los números son una representación gráfica de algo que no existe en el mundo real, pero que sí está en todas partes. Otra cosa que no es real es la economía, pero la gente sigue creyendo en ella y depositan su confianza nuevamente en los números. No sé han dado cuenta que la verdad está en la geometrIA y que lo que buscamos es la forma de Dios.

Para poder dirimir el conflicto que existe entre lo que vale la pena y lo que no, hay una solución sencilla; observe durante cinco horas el techo de su habitación (o de cualquier habitación la verdad), si empieza a ver manchas sabrá que vale la pena, sino, siga esperando.

La IA nos recuerda lo importante de la condición de ser humano: lo artificial. Sin lo artificial solo seríamos naturales, y que aburrido no poder transformar el mundo alrededor nuestro. Artificial también es nuestra inteligencia. Si no, no habría manera de explicar el lenguaje. Si usted se encuentra una A o una B en la naturaleza avíseme.

Por otro, la inteligencia es una característica tan difícil de encontrar en los seres vivos, que se estima que solo un 10% de la población mundial la posee (perdónenme por el chiste fácil, anoche me trasnoche viendo videos de Jaime Garzón). El resto tiene algo similar pero no del todo igual. Si se pregunta cuál es la diferencia, preste atención: Si usted pone un vídeo de sábados felices y escucha risas, ya tendrá su respuesta.

De la suma de la inteligencia y lo artificial tenemos un hijo maravilloso: el malgasto de agua. Igual a nadie le importa el agua. Gota a gota las frases repetitivas pierden su efecto y develan el nulo análisis que realizamos cuando ya estamos convencidos de que lo que creemos es real.

Ah, también hay un segundo hijo: las fotos que no tienen alma pero que se ven bonitas. Y digo que no tienen alma porque todos sabemos que lo que hace a las cámaras cámaras es que pueden absorber un pedazo de tu alma con cada foto que te toman.

la Inteligencia Automotriz era una campaña de concientización sobre normas de convivencia realizada por un Inmaculado Actor colombiano que se hizo famoso por viajar a otros países y ser paisa. Muy paisa.

 La Ilustre Andrea era una señora que seguía actuando como si tuviera 20 años y siempre tiene el pelo de un color distinto.

La Iguana Arizmendi podría ser el sobrenombre de un jugador de fútbol negro nacido en Barrancabermeja. No podría llamarse Sergio Herrera por motivos legales.

La inmediatez absoluta es un concepto desarrollado por el astrofísico Johannes Austin que explica que lo que es inmediato siempre es absoluto, pues inmediato no puede ser determinado por niveles.

En inglés, la AI (authentic illustrators) es una asociación creada por varios ilustradores que se oponen al uso de la AI (artificial intelligence) para la creación de fotos y dibujos, pues no les deja trabajar en condiciones justas, y (según ellos) desnaturaliza el sentido de la acción.

La inteligencia arreficial es la que permite que los arrecifes tomen la basura, hagan limpieza y sigan creciendo en los lugares hostiles para la vida humana de los animales marinos.

La Irina Agudelo fue mi primer amor de niño y nunca se lo confesé (hasta ahora).

La defensa de la IA es una labor noble que estoy dispuesto a adelantar, así me ponga de enemigo al mundo entero. Contra todo pronóstico y contra todo movimiento de la bolsa, soy un adepto al uso Indiscriminado del Agua, a la explotación (laboral) de Infancias Atormentadas y a la Izquierda Abertzale.

 

 

 

 

 

 

 

Si usted es inteligente y artificial (o plástico, o postizo, o ficticio) como yo, sea bienvenido al primer movimiento de defensa de la IA: el Infraartificismo.

domingo, 16 de febrero de 2025

La rueda

Aún no concilio el sueño. Sigo escribiendo impresiones que se me revelan en estados de escasa vigilia. 


La rueda

La rueda se inventó hace muchos años. Suelen decir que no hay que inventar lo inventado, que no hay que pretender empezar todo de cero, que si existe desde hace mucho tiempo y su funcionamiento es igual es porque es eficiente.

Tengo un primo que alguna vez me dijo que los debates que nos planteamos hoy ya se los plantearon antes y llegaron a las mismas conclusiones. Que llover sobre mojado no sirve para nada.

También estaba Sísifo que todos los días subía su rueda, o Prometeo que todos los días veía como se lo comían. Por ahí varías versiones nuevas sobre las rutinas, pero todas confluyen en que son un camino largo y tedioso a la nada. Trabajar en una oficina es una pequeña muerte -y no como una petit mort, sino que es una muerte que no tiene grandeza-, y de poder tener elección, preferiría no hacerlo.

Que el ciclo esto y el ciclo aquello, que todo hace parte siempre de un proceso repetitivo y que la rutina existe. Yo ya me cansé. Quiero ponerle un palo a la rueda y ver si se rompe. O el palo, o la rueda, o ambas cosas.

No todo es circular. Dios, gracias que no. Bien podríamos decir que el tiempo lo es, que nunca hay nada nuevo bajo el sol, que nos repetimos mucho y que nacimos muy tarde cuando ya estaba todo inventado. Las posibilidades son infinitas y no quiero que nadie crea lo contrario.

En la universidad tuve un profesor de Sociología que nos propuso el siguiente reto: si usted es capaz de crear un animal nuevo, automáticamente aprueba la asignatura de manera sobresaliente. Para la siguiente clase todos llegaron con su animal, algunos solo la descripción, otros llevaron un dibujo. Alguno hasta pensó en llevar su perro disfrazado. ¿Qué tenían todos en común? Que nadie se inventó nada. Solo juntaron características existentes de otros animales en una nueva masa. Orejas de conejo, cola de burro, dientes de piraña. El premio se declaró desierto. Yo había pensado en que crear un animal nuevo sería embarazar a alguien. Afortunadamente decidí no participar del concurso, y mejor aún, no compartir mi razonamiento con nadie.

Usted si quiere siga pensando en reinventar la rueda. Seguramente sea un ejercicio práctico, así no la logre reinventar. De pronto la logra hacer menos redonda y descubre el cuadrado. Las lógicas geométricas son aún muy avanzadas para mí que solo entiendo de lo más literal. Por mi parte, optaré por darle una respuesta seria ese interrogante del animal. No pienso descuartizar ni crear un Frankenstein, y mucho menos en embarazar a alguien. Creo que se puede poner algo nuevo bajo el sol, que las cosas no es que sirvan realmente, sino que es lo que está dado, pero eso se puede cambiar. Mi animal será como ningún otro, porque sino fallaría en mi propósito. Será un animal infinito. Será mío y lo guardaré con recelo. Le daré nacimiento, lo criare y le daré un propósito. Al final, con mucho pesar, pero siendo responsable de mis actos, seré yo mismo quien le dé fin. Reposará la prueba de su existencia a través de la memoria, que no existe, pero allí acabaremos todos.

No hay que imaginarse a Sísifo feliz, hay que pensar en que la piedra se erosionó y ya no debe seguir cargándola, y pensar en que a Prometeo lo liberaron de sus cadenas y en venganza se comió al ave que fue su única compañía por milenios.

Inventarse la rueda sería muy aburrido. Yo prefiero inventarme un animal.

jueves, 6 de febrero de 2025

Inmensas pequeñas intensidades

Me termine de leer "La hora de la Estrella". Creo que ningún libro me había significaado tanto hasta ahora. Todo lo que tiene que ver con Lispector antes de su muerte, tiene que ver conmigo que hasta ahora estoy empezando a vivir. 

Padezco del delirio de la fascinación de haber encontrado a alguien en el mundo que me entiende. Hace unos meses había escrito una historia que termina justo igual que esta. 

Mi Mercedes Benzs era rojo y biarticulado, pero también me paso por encima y me dejo vivo. La lectura de las cartas sin embargo no me advirtieron tanto. 

Esto fue lo que pensé mientras leía a Clarice Lispector. Dónde quiera que estés ojalá seas feliz. 











domingo, 19 de enero de 2025

Si Dios me ama anda disimulándolo

Si Dios me ama anda disimulándolo.

He vuelto a soñar. El inconsciente quiere decirme algo, pero, o yo no logro entenderlo, o mi incapacidad para comunicar algo se extiende a todos los niveles de mi ser.

Me despierto y miro al mi alrededor, todo sigue siendo azul. Ya han pasado 2 días y siento como poco a poco mi criterio y mi esperanza va disminuyendo, como se nubla mi raciocinio y mi paciencia se agota. El hambre y la sed son necesidades básicas insatisfechas, y no dudo ni por un momento que su falta ponga en riesgo mi vida, pero no es lo que ocupa mi cabeza en estos momentos, así como tampoco lo es el salir de acá.

Estoy pensando en una vez que estaba en la iglesia, estaba necesito de respuestas y era misa de siete. El cura después de dar su habitual sermón empezó a hacer preguntas al aire. ¿Cómo manifiesta Dios su amor por nosotros?  A través de sus actos, respondí en el instante. Dios no se preocupa personalmente ni intenta cambiar la vida de cada uno de nosotros, no es él responsable de cada respiro que damos, de cada palabra dicha, ni de cada gota de agua que cae en el mundo.

Sin embargo, si se nota su presencia en ciertos eventos, como si fuera un padre que ya no está en la vida de su hijo. Su imagen siempre está presente y uno piensa “¿Qué hubiera hecho mi padre?” “¿Qué le hubiera gustado que hiciera?” “¿Cómo juzgaría lo que hice?” poco importa que ya no esté con nosotros, su presencial se da por ausencia e influye en lo que hacemos. A Dios tampoco le importaría mucho que decisión se tome, no creo que en su existencia tenga papel principal el rol del juez. Tampoco podemos aplicar categorías humanas a algo que es mucho más grande que nosotros. Esa metáfora de que somos hormigas en comparación con él nunca ha sido buena.

El cura no complementó nada, no refuto, nada. Siguió con otra pregunta: “¿Qué se necesita para entrar a las puertas del cielo?” Más allá del misterio existencial y de la angustia de conocer sobre nuestro padre, la gente está pensando en seguir existiendo, en seguir viviendo, como si lo que hay ahora no fuera suficiente. Mezquinos y falsos, me produce repulsión el querer vivir eternamente. Ya abrace la idea de lo efímero.

Al salir de la iglesia sufro de un enorme vértigo, el mundo se hace inmenso y yo estoy en el borde de un abismo. Camino a tropezones y vomito en el andén. Ninguno de los asistentes me ayuda. Tampoco me hubiera gustado.

Reviviendo escenarios con la cabeza entre las piernas ya ha pasado la mitad del día, o eso creo. No tengo una forma de saber como se sucede el tiempo acá. El sol me pega de lleno en la cara. Me recuesto sobre el suelo, espero horas y horas pacientemente. No tengo la fuerza para hacer nada. Tampoco tengo las habilidades para construir desde cero cualquier instrumento. Además, aunque las tuviera, no hay a mi alrededor nada más que arena y un poco de pasto. Estoy rendido y derrotado físicamente, mi único consuelo es dormir cuando el sol me lo permite.

Y más que dormir es el soñar. Dormir es una necesidad básica para el descanso. El sueño es un relevo en la conducción. No se necesita soñar todos los días, pero cuando no se hace el disgusto en uno es evidente. El sueño es un estadio complejo que no se puede definir fácilmente, pues todo lo que carece de materialidad, tiene atributos volubles según quién los vea o cuando los vea. Se acaba lo que traía conmigo.  Mi conclusión apresurada y lo que será mi mantra mientras siga con vida en esta isla es la siguiente: Dios existe y hablamos con él a través de los sueños. Manifiesta su amor con actos que no podemos ver pues carecen de materialidad y son más grandes que nuestro intelecto. Y como ultima anotación, sobre nuestra relación, si él me ama, lo disimula muy bien.

No me arrepiento así de nada. Háganle saber a mi familia que los quise.

L.M.R
12 de agosto de 1973

En algún lugar del caribe

viernes, 17 de enero de 2025

1

Hace poco tuve una experiencia cercana a la muerte. Algo así.

He pensado en que si muero quiero que haya el mayor registro posible de todo lo que hice.

Que puedan hablar con mi fantasma de todo lo que no alcance a ser.

La verdad es que nada importa tanto, todos nos vamos a morir y no tenemos otra responsabilidad que hacer lo que podamos. Vivir bajo sus propias normas y bla bla la 

Me dí cuenta de que extrañaba escribir, y solo escribir sin más miramientos que quizá el de ser leído. En todo caso tengo un blog y supongo que esto está pensado para los que tengan algo que decir. No sé si tenga mucho por decir pero si por hablar.

Una suerte de diario. Que luego nadie diga que no se dió cuenta de nada, porque yo siempre lo dejo claro.

Escribo esto desde mi hora de almuerzo porque en la laboral me voy a tomar una pequeña siesta.

Rojinegro

Ayer se me acabó el contrato. Los últimos días he estado pensando mucho en la forma más rápida de hacer dinero. No quisiera que mi vida girara en torno al dinero, pero no dependen de mi querer esas cosas.

Quisiera usar lo que tengo a la mano para solucionar ese problema, mi talento no se corresponde con mi estima, me da vergüenza explotar lo que puedo hacer, no hay peor enemigo que uno mismo, porque nadie lo conoce a uno tanto. También es porque pasamos mucho tiempo con nosotros y nos saturamos de nosotros mismos. Se que por el lado del talento y del esfuerzo no lograré salir adelante, he de admitir que tengo el mal del hombre del siglo XXI: quiero todo de inmediato y con el menor esfuerzo.

Recurro entonces a lo que he aprendido en largos veinticuatro años de vida, lo único importante en la vida es tener una buena estrella y una suerte divina. Decido probar suerte en el casino.

Voy al casino y no a una casa de apuestas deportivas porque estas últimas no me generan confianza. No hay una narrativa alrededor de ellas, y el performance es la razón principal para llevar a cabo las cosas. ¿Se imagina usted leer "El Jugador" y tener a Alexei Ivanovich lamentándose porque Vinicius Jr no tiro al arco 3 veces en la primera mitad? Se trata de una cuestión de dignidad y de mística. Si he de perder dinero prefiero que sea respetando lo clásico y lo sagrado, y que sea culpa mía y no de un tercero. Aunque nunca sea culpa mía.
Muy cerca de mi casa hay tres casinos, dos de ellos son vecinos (es decir comparten pared y clientes), y el tercero queda en la dirección opuesta, a unos veinte minutos. 

 Voy a los que están pegados, el tercero es más grande y en un salón amplio la suerte tiene más personas entre las cuales dividirse.

Estos casinos quedan en el segundo piso de un centro comercial (que más bien pareciera un edificio abandonado). Están ubicados en una esquina, lejos de todo, excepto de un cajero Bancolombia. Son de este tipo de casinos que no tienen puerta, sino que tienen una especie de biombo que evita que uno pueda mirar dentro, pero que extiende una invitación siniestra a lujos y perversiones.

Nunca he sido un habitual en estos sitios, en toda mi vida habré ido dos o tres veces. La primera cuando era niño y por error, estaba en un crucero con mi familia y había un casino cerca a nuestra habitación, esa vez debido a las olas se cayó una máquina tragaperras y vomitó todas las monedas, cuando intenté recogerlas un señor me regañó, ni bien había dicho nada yo salí corriendo.

Este se ve como cualquier otro casino: todo en tapices rojos y negros, puro terciopelo, no hay una sola ventana, nadie se ve feliz. Si acaso aliviados. Ya no se permite fumar en espacios cerrados, pero el humo aún sobrevive en el ambiente, como si estuviera viendo una película vieja. Hay señores jubilados jugando a la ruleta y señoras jubiladas jugando a la tragaperras. Soy la persona más joven. Claro, debe ser porque es lunes. Yo solo he participado de dos juegos de todos los que tiene este casino: al blackjack y a la ruleta.

Prefiero la ruleta porque la decisión es más aleatoria (sí es que acaso es verdad que no están trucadas), y porque no creo estar jugando contra nadie, sino contra un artefacto que no me puede confrontar como persona, que no me habla, que no me juzga, que no se gratifica con mi perdida.

Este casino solo tiene ruleta electrónica, lo cual es un mal augurio. No importa, ya estoy adentro y uno siempre debe tentar a su suerte, de todos modos ya la llevo perdida. Lo cierto es que solo tengo 10.000 pesos en el bolsillo, y como mencioné antes, soy víctima del desespero y representante de la escuela del sobreanálisis y espero que eso sea suficiente para hacerme millonario con el mínimo esfuerzo.

La operación es sencilla, mitad al rojo (o al negro según el caso) y mitad a par. Mi lógica es la siguiente, si queda en el rojo (o en el negro según el caso) pero es impar, no habré perdido nada y estaré igual. Si queda en el negro (o en el rojo según el caso) y es par habré duplicado mi inversión. Usted dirá que mi plan tiene algunas mínimas fallas, lo que no sabe es que eso ya lo pensé mucho tiempo, le explico: Las probabilidades de que caiga lo contrario a lo que yo aposté es muy baja, alrededor de un 30% según los cálculos más conservadores, razón suficiente para no preocuparse. Nunca apuesto a números impares porque siento que, si fueran personas, no serían de fiar. Y el 0 y el doble 0 los despreciamos como se hace con el aire en un ejercicio de física, no merecen más atención.

Habiéndole explicado mi razonamiento lógico, ya entenderá el porqué de mi sosiego. En cálculos rápidos (y por supuesto con un mínimo margen de error) las probabilidades de que la jugada de la ruleta sea, por lo menos inofensiva para mí, son alrededor de un 64%, un número bastante alto cuando se habla de azar.
Llevo unos minutos en la mesa aplicando está estrategia. A veces baja mi capital, pero luego veo como se recupera, y en ciertos momentos toca echar mano de la cartera y hacerme un préstamo de otros 10.000 pesos. Lo cierto es que tengo un colchón de 377.000 mil pesos, que es un dinero que debo guardar todos los meses, pero que ahora no recuerdo la razón. Al menos tengo la certeza de que se trata de dinero que recuperaré. También le quiero decir que tenga la tranquilidad de que no la gastaré toda... En este casino.

Cada tanto pasa alguien ofreciendo vaso de gaseosa o de agua. Cuando juego solo tomo agua porque no me gusta sentirme empalagado, se limitan mis sentidos y no me dejan enfocarme en lo realmente importante, que no es otra cosa que el listado de las bolas calientes.

Al cabo de media hora mi saldo por fin es positivo, lo que significa que al menos recuperé el dinero que tenía al entrar. Bajo y subió, y luego volvió a bajar y finalmente a subir, como la función del seno. Debería retirarme ahora que he ganado algo, pero si uno tiene esa mentalidad de atún nunca llegará a tiburón. Y eso que no hemos sumado el valor de los dos vasos de agua que me tomé, y de los 10.000 pesos iniciales que estaban en mi bolsillo y no en mi billetera, razón suficiente para no contarlos dentro de mi patrimonio. Efectivamente, he logrado el milagro que la alquimia busco durante años, he multiplicado la plata a partir de posibilidades humildes y de palabras mágicas (por favor y gracias).

En la mesa hay otros tres señores, desconozco los valores que apuestan, y pretendo ignorar la estrategia que aplican, pues se trata de apostar pequeñas cantidades a muchos números en el tablero. Desprecio esa forma de jugar pues se trata de una aleatoriedad no admitida en un juego que depende enteramente de la destreza analítica del participante, demuestra su autodesprecio. Ellos solo están ahí pensando en pararse de la silla. Observo como se lamentan a veces, o como después de una jugada aparentemente exitosa deciden imprimir su ticket e irse con lo poco -o mucho- que tengan.

Fantaseo con que alguno de ellos se pare a mi lado y se ofrezca a comprarme mi suerte, pues aún no la he gastado toda. Nos sentaríamos juntos y él me daría dinero y me diría que apostase según me pareciera, yo haría una jugada mala, en la siguiente me recuperaría e incluso ganaría un poco, él suspiraría aliviado y luego me diría que jugará con más atención, al cabo de un rato habrían llegado dos o tres personas más y se habrían puesto detrás mío a ver cómo malgasto el dinero de otro ante su impasividad. Finalmente, pasados 10 minutos, le diría que lo siento mucho por no haberle podido ayudar, que mi suerte me la había gastado ese día que alguien se fue del bar dejando media botella de cerveza sin terminar, pero que igual le deseaba suerte al volver a casa y enfrentarse a su mujer y a la cantaleta, y que por la noche pudiera dormir – en el sofá – sin la angustia de que nada sale nunca como él quiere.

Hoy tampoco me compraron mi suerte.
Regreso a casa habiendo comprado dos vasos de agua por 10.000 pesos, pensando en que aún no tengo trabajo y que hasta hacerse millonario por el camino fácil cuesta trabajo. Se necesita disciplina y perseverancia para no aburrirse rodeado de seres tan miserables. No se necesita mucho para volverse uno de ellos.

Mañana iré al otro casino, a ver si con algo de suerte encuentro algún señor que esté dispuesto a comprarme mi suerte.

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Lo acabo de releer y es una mierda. Algún marcador debe existir para poder evaluar avances.

En todo caso, si es una mierda la verdad tampoco importa. Solo había una cosa por decir acá: no tengo trabajo.