Aún no concilio el sueño. Sigo escribiendo impresiones que se me revelan en estados de escasa vigilia.
La
rueda
La rueda se inventó hace muchos años. Suelen decir que no
hay que inventar lo inventado, que no hay que pretender empezar todo de cero,
que si existe desde hace mucho tiempo y su funcionamiento es igual es porque es
eficiente.
Tengo un primo que alguna vez me dijo que los debates que
nos planteamos hoy ya se los plantearon antes y llegaron a las mismas
conclusiones. Que llover sobre mojado no sirve para nada.
También estaba Sísifo que todos los días subía su rueda, o
Prometeo que todos los días veía como se lo comían. Por ahí varías versiones
nuevas sobre las rutinas, pero todas confluyen en que son un camino largo y
tedioso a la nada. Trabajar en una oficina es una pequeña muerte -y no como una
petit mort, sino que es una muerte que no tiene grandeza-, y de poder tener
elección, preferiría no hacerlo.
Que el ciclo esto y el ciclo aquello, que todo hace parte
siempre de un proceso repetitivo y que la rutina existe. Yo ya me cansé. Quiero
ponerle un palo a la rueda y ver si se rompe. O el palo, o la rueda, o ambas
cosas.
No todo es circular. Dios, gracias que no. Bien podríamos
decir que el tiempo lo es, que nunca hay nada nuevo bajo el sol, que nos
repetimos mucho y que nacimos muy tarde cuando ya estaba todo inventado. Las
posibilidades son infinitas y no quiero que nadie crea lo contrario.
En la universidad tuve un profesor de Sociología que nos propuso
el siguiente reto: si usted es capaz de crear un animal nuevo, automáticamente
aprueba la asignatura de manera sobresaliente. Para la siguiente clase todos
llegaron con su animal, algunos solo la descripción, otros llevaron un dibujo.
Alguno hasta pensó en llevar su perro disfrazado. ¿Qué tenían todos en común?
Que nadie se inventó nada. Solo juntaron características existentes de otros
animales en una nueva masa. Orejas de conejo, cola de burro, dientes de piraña.
El premio se declaró desierto. Yo había pensado en que crear un animal nuevo
sería embarazar a alguien. Afortunadamente decidí no participar del concurso, y
mejor aún, no compartir mi razonamiento con nadie.
Usted si quiere siga pensando en reinventar la rueda.
Seguramente sea un ejercicio práctico, así no la logre reinventar. De pronto la
logra hacer menos redonda y descubre el cuadrado. Las lógicas geométricas son
aún muy avanzadas para mí que solo entiendo de lo más literal. Por mi parte,
optaré por darle una respuesta seria ese interrogante del animal. No pienso
descuartizar ni crear un Frankenstein, y mucho menos en embarazar a alguien.
Creo que se puede poner algo nuevo bajo el sol, que las cosas no es que sirvan
realmente, sino que es lo que está dado, pero eso se puede cambiar. Mi animal
será como ningún otro, porque sino fallaría en mi propósito. Será un animal
infinito. Será mío y lo guardaré con recelo. Le daré nacimiento, lo criare y le
daré un propósito. Al final, con mucho pesar, pero siendo responsable de mis
actos, seré yo mismo quien le dé fin. Reposará la prueba de su existencia a
través de la memoria, que no existe, pero allí acabaremos todos.
No hay que imaginarse a Sísifo feliz, hay que pensar en que
la piedra se erosionó y ya no debe seguir cargándola, y pensar en que a
Prometeo lo liberaron de sus cadenas y en venganza se comió al ave que fue su
única compañía por milenios.
Inventarse la rueda sería muy aburrido. Yo prefiero
inventarme un animal.
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