domingo, 16 de febrero de 2025

La rueda

Aún no concilio el sueño. Sigo escribiendo impresiones que se me revelan en estados de escasa vigilia. 


La rueda

La rueda se inventó hace muchos años. Suelen decir que no hay que inventar lo inventado, que no hay que pretender empezar todo de cero, que si existe desde hace mucho tiempo y su funcionamiento es igual es porque es eficiente.

Tengo un primo que alguna vez me dijo que los debates que nos planteamos hoy ya se los plantearon antes y llegaron a las mismas conclusiones. Que llover sobre mojado no sirve para nada.

También estaba Sísifo que todos los días subía su rueda, o Prometeo que todos los días veía como se lo comían. Por ahí varías versiones nuevas sobre las rutinas, pero todas confluyen en que son un camino largo y tedioso a la nada. Trabajar en una oficina es una pequeña muerte -y no como una petit mort, sino que es una muerte que no tiene grandeza-, y de poder tener elección, preferiría no hacerlo.

Que el ciclo esto y el ciclo aquello, que todo hace parte siempre de un proceso repetitivo y que la rutina existe. Yo ya me cansé. Quiero ponerle un palo a la rueda y ver si se rompe. O el palo, o la rueda, o ambas cosas.

No todo es circular. Dios, gracias que no. Bien podríamos decir que el tiempo lo es, que nunca hay nada nuevo bajo el sol, que nos repetimos mucho y que nacimos muy tarde cuando ya estaba todo inventado. Las posibilidades son infinitas y no quiero que nadie crea lo contrario.

En la universidad tuve un profesor de Sociología que nos propuso el siguiente reto: si usted es capaz de crear un animal nuevo, automáticamente aprueba la asignatura de manera sobresaliente. Para la siguiente clase todos llegaron con su animal, algunos solo la descripción, otros llevaron un dibujo. Alguno hasta pensó en llevar su perro disfrazado. ¿Qué tenían todos en común? Que nadie se inventó nada. Solo juntaron características existentes de otros animales en una nueva masa. Orejas de conejo, cola de burro, dientes de piraña. El premio se declaró desierto. Yo había pensado en que crear un animal nuevo sería embarazar a alguien. Afortunadamente decidí no participar del concurso, y mejor aún, no compartir mi razonamiento con nadie.

Usted si quiere siga pensando en reinventar la rueda. Seguramente sea un ejercicio práctico, así no la logre reinventar. De pronto la logra hacer menos redonda y descubre el cuadrado. Las lógicas geométricas son aún muy avanzadas para mí que solo entiendo de lo más literal. Por mi parte, optaré por darle una respuesta seria ese interrogante del animal. No pienso descuartizar ni crear un Frankenstein, y mucho menos en embarazar a alguien. Creo que se puede poner algo nuevo bajo el sol, que las cosas no es que sirvan realmente, sino que es lo que está dado, pero eso se puede cambiar. Mi animal será como ningún otro, porque sino fallaría en mi propósito. Será un animal infinito. Será mío y lo guardaré con recelo. Le daré nacimiento, lo criare y le daré un propósito. Al final, con mucho pesar, pero siendo responsable de mis actos, seré yo mismo quien le dé fin. Reposará la prueba de su existencia a través de la memoria, que no existe, pero allí acabaremos todos.

No hay que imaginarse a Sísifo feliz, hay que pensar en que la piedra se erosionó y ya no debe seguir cargándola, y pensar en que a Prometeo lo liberaron de sus cadenas y en venganza se comió al ave que fue su única compañía por milenios.

Inventarse la rueda sería muy aburrido. Yo prefiero inventarme un animal.

No hay comentarios:

Publicar un comentario