Si Dios me ama anda disimulándolo.
He vuelto a soñar. El inconsciente quiere decirme algo, pero, o yo no logro entenderlo, o mi incapacidad para comunicar algo se extiende a todos los niveles de mi ser.
Me despierto y miro al mi alrededor, todo sigue siendo azul. Ya han pasado 2 días y siento como poco a poco mi criterio y mi esperanza va disminuyendo, como se nubla mi raciocinio y mi paciencia se agota. El hambre y la sed son necesidades básicas insatisfechas, y no dudo ni por un momento que su falta ponga en riesgo mi vida, pero no es lo que ocupa mi cabeza en estos momentos, así como tampoco lo es el salir de acá.
Estoy pensando en una vez que estaba en la iglesia, estaba necesito de respuestas y era misa de siete. El cura después de dar su habitual sermón empezó a hacer preguntas al aire. ¿Cómo manifiesta Dios su amor por nosotros? A través de sus actos, respondí en el instante. Dios no se preocupa personalmente ni intenta cambiar la vida de cada uno de nosotros, no es él responsable de cada respiro que damos, de cada palabra dicha, ni de cada gota de agua que cae en el mundo.
Sin embargo, si se nota su presencia en ciertos eventos, como si fuera un padre que ya no está en la vida de su hijo. Su imagen siempre está presente y uno piensa “¿Qué hubiera hecho mi padre?” “¿Qué le hubiera gustado que hiciera?” “¿Cómo juzgaría lo que hice?” poco importa que ya no esté con nosotros, su presencial se da por ausencia e influye en lo que hacemos. A Dios tampoco le importaría mucho que decisión se tome, no creo que en su existencia tenga papel principal el rol del juez. Tampoco podemos aplicar categorías humanas a algo que es mucho más grande que nosotros. Esa metáfora de que somos hormigas en comparación con él nunca ha sido buena.
El cura no complementó nada, no refuto, nada. Siguió con otra pregunta: “¿Qué se necesita para entrar a las puertas del cielo?” Más allá del misterio existencial y de la angustia de conocer sobre nuestro padre, la gente está pensando en seguir existiendo, en seguir viviendo, como si lo que hay ahora no fuera suficiente. Mezquinos y falsos, me produce repulsión el querer vivir eternamente. Ya abrace la idea de lo efímero.
Al salir de la iglesia sufro de un enorme vértigo, el mundo se hace inmenso y yo estoy en el borde de un abismo. Camino a tropezones y vomito en el andén. Ninguno de los asistentes me ayuda. Tampoco me hubiera gustado.
Reviviendo escenarios con la cabeza entre las piernas ya ha pasado la mitad del día, o eso creo. No tengo una forma de saber como se sucede el tiempo acá. El sol me pega de lleno en la cara. Me recuesto sobre el suelo, espero horas y horas pacientemente. No tengo la fuerza para hacer nada. Tampoco tengo las habilidades para construir desde cero cualquier instrumento. Además, aunque las tuviera, no hay a mi alrededor nada más que arena y un poco de pasto. Estoy rendido y derrotado físicamente, mi único consuelo es dormir cuando el sol me lo permite.
Y más que dormir es el soñar. Dormir es una necesidad básica para el descanso. El sueño es un relevo en la conducción. No se necesita soñar todos los días, pero cuando no se hace el disgusto en uno es evidente. El sueño es un estadio complejo que no se puede definir fácilmente, pues todo lo que carece de materialidad, tiene atributos volubles según quién los vea o cuando los vea. Se acaba lo que traía conmigo. Mi conclusión apresurada y lo que será mi mantra mientras siga con vida en esta isla es la siguiente: Dios existe y hablamos con él a través de los sueños. Manifiesta su amor con actos que no podemos ver pues carecen de materialidad y son más grandes que nuestro intelecto. Y como ultima anotación, sobre nuestra relación, si él me ama, lo disimula muy bien.
No me arrepiento así de nada. Háganle saber a mi familia que los quise.
L.M.R
12 de agosto de 1973
En algún lugar del caribe
No hay comentarios:
Publicar un comentario