jueves, 15 de julio de 2021

Retales

 La vida no se compone de otra cosa que de retazos de lo vivido en los días que se abandona la rutina.

En las ultimas semanas habré experimentado varias cosas que me dejan sin palabras, se lo dice Laura Diaz a Maure, ¿Qué será de la vida sin amor? ¿No es suficiente para apaciguar nuestras dolencias, las dolencias del mundo?

Un sábado entré a una cantina y divagué con un tipo que estudia ciencia política, al menos eso decía. Me reprochó porque consideré que era más importante que la gente se sienta querida y reconozca su valor como persona, antes que buscar inútilmente ser un mártir. "Las vidas de esos individuos son el cimiento de una revolución que se está gestando" me decía el estereotipado estudiante. Sonaba a trino de político progresista. La vida es lo único que tenemos, no es preciso darla porque es solo nuestra, y es verdad que los ideales pesan más que la vida, pero no se le debe exigir a las personas que dejen lo único que tenemos -y de pasada- en las barricadas. Como decía alguna pared pintada, rayada, vandalizada, estropeada "Lucha y Vive". Ese mismo día en aquel antro cruce varias miradas con una chica, llegado el momento planeaba abandonar mi mesa y sentarme junto a ella, hacer un chiste o dos sobre lo trágico de la vida y sobre la insistente militancia de la juventud, quedándome desde ese momento sin más cartas y dejándome llevar por la primera de las corrientes que se advirtiera. Mientras analizaba escenarios (por lo demás risibles) en mi cabeza, los caballeros de la mesa contigua se adelantaron y se sentaron con ella. 
Había llegado en la bici de Nara a la cantina, me regresé en la bici de Garu a la casa, en el trayecto me comí un hueco sobre toda la séptima a la altura del parque nacional, me caí y me jodí una costilla.  

Vale la pena decir que no todo fue malo el sábado, don Jaime me regaló una copia de su ultimo libro, con la condición de que le debía consignar 20 lukas por concepto del mismo. 

El viernes inmediatamente anterior a ese sábado, había decidido subir Monserrate a pie con Andrés, lo hicimos, extenuante. Como hacía calor me quite la camisa, tampoco quería sudarla mucho, y llegados a este punto debo confesar que puede ser que tenga algo de exhibicionista. Una vez arriba me obligaron a ponerme la camisa porque supuestamente espantaba a la clientela. Curioso, no hay mucho que hacer en la cima de Monserrate, al menos no para quien no este dispuesto a pagar sobre el precio. Bajamos otra vez a pie, convencido de haber escuchado en algún lado que bajar de lado era mejor para las rodillas, hice el trayecto así. Ahora me duelen las rodillas y creo tener una fisura en la planta del pie, pues lo tengo inflamado de sobremanera. 

El mismo viernes Alcolirykoz estrenaba su ultimo disco "Aranjuez", durante todo el recorrido de subida obligué a Andrés, a los transeúntes y a mi persona, a escuchar  y reescuchar el disco en loop. Aún a día de hoy sigo escuchándolo muy al pesar de todos los que corren con la suerte de compartir vagón de Transmilenio conmigo. 

El domingo inmediatamente posterior al sábado de cantina salí a montar bicicleta con Carlos, quería acompañarlo en su pequeño emprendimiento, risas por panes. Subimos por la conejera, el sobre la bici, yo detrás de la mía, llegamos a la cima, paramos a comprar algo de comer para no morir en el intento, la señora que atendía el puesto me advertía que más sabe el diablo por viejo que por diablo, que ella llevaba mucho tiempo ahí y sabía nada más con el temblar del pelo cuando alguien se iba a desmayar. La señora acertó nuevamente. Carlos se desplomo y logramos socorrerlo de algún modo, no le paso nada grave. Llegamos a repartir el segundo domicilio en Suba, a la casa de Nina, ella al enterarse de lo ocurrido nos dejó pasar, estaba su madre en casa y como es natural, me quedé hablando con ella un rato. Nina y Carlos se dispusieron a crearme un perfil en Bumble. 

El martes había cuadrado para verme el miércoles con la única chica con la que hice match en Bumble, llegó el miércoles y sin embargo Sarita no llegó. Debe decirse todo honestamente, no es que ella no llegara, habíamos quedado de vernos por donde ella vive, sin embargo llegó el día y no me volvió a responder, lo que en estricto sentido significa que yo no llegué al lugar convenido, si acaso llegué al desastre, puntualmente debe decirse. Creo que será la única vez que lo intente, tampoco hay muchos motivos que me empujen a seguir usando la app. Ante la magnifica belleza de la desilusión, desilusión doblemente grande porque la ilusión que la antecede se gesto en dos días y en quince mensajes, decidí no quedarme en casa y verme con mis panas.

Descubrí tarde que me gusta mucho la poesía de Rilke, digo tarde porque no alcanzó el tiempo para aprenderme más que un poema del alemán antes de perder el interés por el mismo. 

Revise en la montaña de libros que acostumbra a estar debajo de la caja de tapabocas (hoy día instrumento indispensable) y encontré un libro de cuentos de Boris Vian. El primero que leí fue corazón de oro, que me hizo sentirme identificado con Aulne, el ladrón. Quiero robarme mil corazones, quiero que me persigan, desechar los corazones en pos de la adrenalina y morir a manos de la infantil inocencia. 

Después leí Lobo Hombre, que como intuí sabiamente, propio de un genio de esos que solo se ven uno o dos por generación, estaba relacionado con la canción de La Unión. Denis, El Mago del Siam, El Boulevar, París, todo encajaba, la canción estaba basada en el cuento, había llegado a una conclusión irrefutable que ameritaba el reconocimiento de mis iguales. Les comparto el cuento por si alguien quiere leerlo. Lobo Hombre

Un dato curioso de Boris Vian para que no sientan que perdieron todo su tiempo aquí. Increíble personaje, hizo de todo, novelista, musico, poeta, actor, enfermo desde los 9 años, ingeniero, periodista y traductor, desdichado y de buen parecer, murió  a los 39 mientras en la proyección de una película basada en alguno de los libros que escribió con alguno de sus veintiocho seudónimos. 

jueves, 1 de julio de 2021

Querer

Hoy se muy bien que los secretos no existen, como pregona un poster en mi pared "the truth is out there". Sucede también que quiero tener secretos, pero tengo el impulso de contarle mis cosas a todo el mundo, un vano intento de convencerme de que aún es posible confiar en el resto.

Hace poco se supo algo que no quería que se supiera, no lo digo acá porque tampoco es algo de dominio público. Es algo que algunas pocas personas sabían, y que ahora, inexplicablemente, se volvió un tema de conversación normal del que me apeno constantemente. (no vale la pena tanto secretismo, de las 30 personas que habitualmente leen lo que acá se escribe, calculo que unos veinte lo sabrían ya)

La gran noticia ya no me anima tanto como lo hizo en un principio, apenas recibí la noticia estaba muy feliz, mi hermana fue la primera en saberlo, casi me pongo a llorar. Ahora es la gente la que se anima por mí, o al menos lo finge por cordialidad, a mi me deja un sinsabor, las cosas no son como uno se las imagina después de todo, pero siempre he preferido ser complaciente que displicente, solo sonrío y agradezco. 

Quiero muchas cosas, quiero poder escuchar Track Track de Fito toda la noche sin que me sepa a mierda, quiero tener una aventura con una rubia en Buenos Aires, quiero ir a Buenos Aires, quiero vivir en Ciudad de México y morir en Sonora, quiero un poemario (otro) de Adolfo Bécquer, quiero ver un partido en el Estadio Azteca, quiero comer fish n chips a la orilla del Támesis, quiero fumarme un ducado parado sobre mis pies descalzos sobre el Nervión (o Nerbioi para ser más justos).

No quiero ser feliz sintiéndome miserable, no quiero conformarme en la autocompasión, no quiero seguir trabajando en lo que lo hago, es mucho para poder digerirlo. Tampoco quiero fallarle a la gente, por eso no quiero renunciar. No quiero leer todos los libros que tengo en mi mesa, hay muchos que odio con ganas, que los compré únicamente por impulso, pero que si pudiera los reescribiría como Saramago para que nadie los leyera nunca. No quiero volver a encuadernar nada que yo haya escrito, es un trabajo patético que me costó varias pinchadas en el dedo y muchos nudos de boyscout, es un texto que se mantiene unido gracias a la melosidad que contiene en cada página. 

Quiero arrancarme la cabeza, y jugar fútbol con ella, mientras mi cabeza reposa sobre sus brazos, quiero subir Monserrate de rodillas, quiero hacer un curso de comedia con los Groucho Marx y después darle un puñetazo en la cara por no levantarse de su tumba, quiero bailar sobre la tumba de Germán Coppini, antiguo vocalista de Siniestro Total, no creo que haya algo mas punk que eso. Quiero comprar una lija en la ferretería y rasparme los tatuajes que tengo en el cuerpo solo para poder hacérmelos otra vez, quiero que Mefistófeles me proponga un trato que no pueda rechazar. 

Los problemas no parecen tanto cuando uno los ve en retrospectiva, el único inconveniente es que para verlos de esa manera hay que sobrevivir lo suficiente para poder mirar atrás, también hay que tener la valentía para poder mirar hacía atrás. 

Quiero dejar de cagarla con las personas que quiero, no quiero dejar de hacer lo que pienso que es mejor. Quiero empezar a escribir otro libro, no quiero deprimirme cuando tenga que leer la mierda de libro que escriba. Quiero oír a Calamaro toda la vida, no quiero conocer a Calamaro personalmente nunca en mi vida. Quiero quitarle mi cabeza cercenada de sus brazos, quiero poder sostenerla como Hamlet. Quiero besarla. No quiero olvidar nunca el primer poema que aprendí, pero si que quiero dejar de recitarlo ante burlas. 

Quiero de todo corazón que me cicatrice la pierna, quiero que mi brazo derecho tenga el mismo largo que el brazo izquierdo, quiero emborracharme y vomitar, intentar tragarme el vomito y que me caiga encima, quiero tocar a las puertas del cielo y salir corriendo cuando San Pedro venga a abrir.

Lo único que quiero ahora es dormir, soñar con Juan Francisco López Greene y pegarle 4 puñaladas en costado derecho, que muera como los hombres de verdad, con toda su vida volcada hacia la izquierda.