Me levanto a medianoche. Otra vez me pasó… ¿será que no
estoy bien conmigo y estoy tratando de decírmelo?
Probablemente solo sea el dolor en mi brazo izquierdo, ayer me tatué -sí papá, lo siento, lo volví a hacer-.
Confieso que cuando escribo espero que alguien más lo lea,
así sea uno mismo en el futuro, pero no cuento con la suerte de escribir algo
interesante, tampoco escribo sobre cosas importantes, ¿por qué alguien habría de
leerme, si no lo hago ni yo?
Aquí va una pequeña anécdota, pero antes hacer un paréntesis (abuso bastante de ellos, y es que escribo como hablo),
ni me molesto en abrirlo porque no se va a cerrar, usted decide donde acaba o
donde comienza, así de mierda será lo que voy a escribir que no importa como se
lea. Vaya, dure más líneas de lo usual antes de echarme mierda.
¿No están ustedes cansados (o cansadas) de todo lo que nos
rodea? Me levanto con un celular chino zumbándome el oído, agarro un mechero
hecho en España y me prendó un cigarrillo gringo, vaya basura. A lo mejor leer
algo de literatura rusa o ver series japonesas me haga sentir mejor. ¿No les
pasa? Ciertamente a mi tampoco, creo que alguna vez Facundo Cabral habló de
ello, no estoy seguro, ni me molestaré en buscarlo.
Laura me dijo que soy un bobo. Tiene razón, lo mismo que tiene
unos ojos lindos, tal vez por andar pensando en esos ojos parezco un bobo.
Siempre hay una forma de justificarnos. Algo que no tiene perdón es mi proceder,
te pediría perdón ______, pero mejor ni me molesto. A ti, que sabes que te escribo
y que se que no me lees (al menos no ahora) mejor te doy las gracias por lo que
significaste. Soy un payaso, pero al menos hago ambas cosas de espaldas, un
payaso consecuente, igual de útil que un alpinista asmático. (tampoco soy bueno
con los símiles)
Tal vez aquí deba retomar lo que inicié, dije que querían
que me leyera, pero cuando escribo pareciera que me esfuerzo en que nadie lo
haga, un texto pulcramente desordenado que merece más atención que los usuales
4 gatos que me apoyan todo lo que hago, ustedes saben quienes son, los mismos
que elogiaron la obra de arte que me costó 80k, que llevo en mi brazo derecho y
que no quita por más estropajo que use.
Padre, confieso que soy un delincuente, no se sí mi cara me
delate, pero no puedo vivir mas con esta cruz que cargo encima. Señor fiscal,
esto es una confesión, la dejo al final, para que se deleite con toda la mierda
que escribí antes. Todo comenzó una de esas noches de antes, cuando se podía
salir y se podía beber. No hacen falta detalles, todos hemos bebido alguna
noche. Tal vez me puse un poco borracho, tal vez se nos cayó el vino. Estoy
seguro de que llovía, pero no estoy seguro de cuando se vomitó Julian. Hijos
del cannabis, de los litros y de las reacciones químicas, nos creemos
invencibles, creemos en el amor eterno, aún somos idealistas. Mi pecado Padre,
fue profanar su iglesia, no es algo poético o profundo, literalmente tumbé los
palos las ventanas de su iglesia y orgulloso de mi hazaña me traje uno de los
palos a casa.
Ahora con la cruz descargada (y guardada bajo mi cama, como
hacen los asesinos seriales con pertenencias de sus víctimas, cosa que sé
porque en la literatura los delatan) me dedico a perder mi tiempo en otras
cosas y espero dormir placido.

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