lunes, 29 de junio de 2020

Confieso que he pecado


Me levanto a medianoche. Otra vez me pasó… ¿será que no estoy bien conmigo y estoy tratando de decírmelo?

Probablemente solo sea el dolor en mi brazo izquierdo, ayer me tatué -sí papá, lo siento, lo volví a hacer-.

Confieso que cuando escribo espero que alguien más lo lea, así sea uno mismo en el futuro, pero no cuento con la suerte de escribir algo interesante, tampoco escribo sobre cosas importantes, ¿por qué alguien habría de leerme, si no lo hago ni yo?

Aquí va una pequeña anécdota, pero antes hacer un paréntesis (abuso bastante de ellos, y es que escribo como hablo), ni me molesto en abrirlo porque no se va a cerrar, usted decide donde acaba o donde comienza, así de mierda será lo que voy a escribir que no importa como se lea. Vaya, dure más líneas de lo usual antes de echarme mierda.

¿No están ustedes cansados (o cansadas) de todo lo que nos rodea? Me levanto con un celular chino zumbándome el oído, agarro un mechero hecho en España y me prendó un cigarrillo gringo, vaya basura. A lo mejor leer algo de literatura rusa o ver series japonesas me haga sentir mejor. ¿No les pasa? Ciertamente a mi tampoco, creo que alguna vez Facundo Cabral habló de ello, no estoy seguro, ni me molestaré en buscarlo.

Laura me dijo que soy un bobo. Tiene razón, lo mismo que tiene unos ojos lindos, tal vez por andar pensando en esos ojos parezco un bobo. Siempre hay una forma de justificarnos. Algo que no tiene perdón es mi proceder, te pediría perdón ______, pero mejor ni me molesto. A ti, que sabes que te escribo y que se que no me lees (al menos no ahora) mejor te doy las gracias por lo que significaste. Soy un payaso, pero al menos hago ambas cosas de espaldas, un payaso consecuente, igual de útil que un alpinista asmático. (tampoco soy bueno con los símiles)

Tal vez aquí deba retomar lo que inicié, dije que querían que me leyera, pero cuando escribo pareciera que me esfuerzo en que nadie lo haga, un texto pulcramente desordenado que merece más atención que los usuales 4 gatos que me apoyan todo lo que hago, ustedes saben quienes son, los mismos que elogiaron la obra de arte que me costó 80k, que llevo en mi brazo derecho y que no quita por más estropajo que use.

Padre, confieso que soy un delincuente, no se sí mi cara me delate, pero no puedo vivir mas con esta cruz que cargo encima. Señor fiscal, esto es una confesión, la dejo al final, para que se deleite con toda la mierda que escribí antes. Todo comenzó una de esas noches de antes, cuando se podía salir y se podía beber. No hacen falta detalles, todos hemos bebido alguna noche. Tal vez me puse un poco borracho, tal vez se nos cayó el vino. Estoy seguro de que llovía, pero no estoy seguro de cuando se vomitó Julian. Hijos del cannabis, de los litros y de las reacciones químicas, nos creemos invencibles, creemos en el amor eterno, aún somos idealistas. Mi pecado Padre, fue profanar su iglesia, no es algo poético o profundo, literalmente tumbé los palos las ventanas de su iglesia y orgulloso de mi hazaña me traje uno de los palos a casa.

Ahora con la cruz descargada (y guardada bajo mi cama, como hacen los asesinos seriales con pertenencias de sus víctimas, cosa que sé porque en la literatura los delatan) me dedico a perder mi tiempo en otras cosas y espero dormir placido.


Como no, cual villano de cómic, orgulloso de mi mierda.

Amén.