lunes, 21 de agosto de 2023

Los poetas son suicidas sin valor

El miércoles pasado estaba en clase. Era una clase de arte. Nunca antes había entrado a una clase de arte. 

Mientras el profesor hablaba del ruido y de la gravedad yo pensaba -aún no sé por qué- en la muerte. Como éramos pocas personas y temía que me preguntara cual era mi escultor favorito (ya había sido advertido en que no podía nombrar a Rodin, y desafortunadamente no conozco a muchos más) me puse a escribir algo en un cuaderno, así le demostraba que era él quien no debía interrumpirme. 


Los poetas son suicidas sin valor

Es por gravedad (5)
que siempre caen los (7)
tristes suicidas (5)

Nadie los alza (5)
pues todo su peso (7)
es el del alma (5)

Cargaban tan bien (5)
y tan celosamente (7)
que aún cayendo (5)

No compartieron (5)
ni su decir ni sentir (7)
solo partieron. (5)


El lenguaje sigue siendo herramienta de juego. Quise hacer un poema de poemas. En estos días trabajo en ser breve, sigo apostándole al haiku. 

También le agradezco a Cielo que me regalo unas palabras sin conexión aparente que luego utilice para escribir un relato no mayor a 100 palabras. Si me ven por ahí regálenme unas pocas palabras. Gracias. 

Palabras: rojo, luna llena, lento, verano, world trade center, lejano, diáfano

Septiembre, 2003.

Hace dos años que ya había sido enviado al lugar del que no saldría. El proceso fue lento pero logró adaptarse. Era lejos, pero era eso mismo lo que lo reconfortaba, a nadie allí importaba su pasado.

Las lunas llenas en verano son de color rojo, se debe a un fenómeno natural (sangre derramada). Cada noche que la miraba se preguntaba si allí dormirían todas sus penas, pues al dormir debían ir a algún lado. Cada vez era más diáfana su consciencia. No importaba -se repetía cada tanto- lo que hizo ese once de septiembre en el WTC.

Total de palabras: 100.

sábado, 5 de agosto de 2023

Mono logo


Pierre-Auguste Renoir, el almuerzo de los remeros. Óleo sobre lienzo  (1881) 

Se hizo un monólogo como si fuera uno de los personajes del cuadro. Se los comparto y les pido que traten de adivinar quién es, al final les diré en que personaje pensaba que pensaba eso. 

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¿Por qué se nos niega la felicidad? 
Acaso seremos nosotros mismos los que no la dejamos crecer.
Tampoco le pedimos nada al cielo que no exista.

El quinto viaje del día. Quinta vez que me preguntan si llevo mucho tiempo haciendo esto. Que de donde soy, que si no me hubiera gustado ser otra cosa. Cada vez respondo algo diferente. Debo encontrar algo para entretenerme, aún no se inventan los celulares. 

Los primeros días me cansaba muy rápido de remar. En estos -que no son los últimos sino los de la mitad- aún me canso, solo que ahora lo hago lentamente.
Me pagan lo mismo si hago cinco o quince viajes. Y la paga es lo mismo que no me pagaran.

¿Qué si he conocido gente interesante?
Claro. Lo que pasa es que cuando uno los conoce dejan de parecer interesantes. Solo hay cinco o seis tipos de personas, luego se repiten.
Mi favorito es el "hijo de", que no es dueño de nada sino de sus palabras, y sus palabras son prestadas, y el tipo es un regalado. 
Con cuatro copas de vino encima ya nos convidan, con cinco copas ya somos iguales y nos dejan sentar a su lado.
Con ocho, ya nos prometieron ayudarnos cuando sus papás mueran y ellos dejen de ser los "hijos de " y ese lugar lo ocupen sus hijos. 
Nunca se les vuelve a ver, pero por lo menos regalan algo.

El menos favorito es el tipo de persona que ve en el remero una fantasía. No hablo solo de mujeres, no se crean, también hay casos de hombres. Debe ser por un tema del uniforme. A la gente le gustan ese tipo de cosas.

La verdad no sé si quisiera estar en otro lugar. Acá no me gusta, esa es la verdad. Pero también es cierto que he olvidado como hacer todo lo demás. 

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El personaje sobre el cual intenté adivinar su monólogo es el remero de barba, situado a la izquierda del cuadro.