No duermo y debo ocupar el tiempo en algo: He decidido entonces escribir todas las palabras que existen, pero no hacerlo aleatoriamente, pues también merezco algo de ocio. Al cabo de un largo tiempo ya habré hecho la novela más larga y más interesante del mundo. Aún no, pero ahí vamos.
Tengo tanto tiempo que se me cae de los bolsillos y no me deja hacer nada.
Este cadáver exquisito lo hice conmigo mismo y con Murakami. Lo ultimo que leí fue "Tokio Blues" y decidí sacar las palabras de un capitulo del libro. El tono también está influenciado.
El titulo está directamente tomado de una canción de la banda argentina "Loquero", como por mantener un eje temático.
Año: 1969.
Lugar: Hospital.
Personaje: Francis Scott Fitzgerald.
Comida: colada
Emoción: indiferencia
Estación: invierno
Color: blanco.
Nombre: Gaviota.
Días extraños.
¿Cómo comunicar la noticia de una muerte?
La misiva era concreta:
“Tu novia ha muerto. Ha sucedido esta noche mientras dormía.
No sufrió. Se ahogó en su propio llanto. Hicimos todo lo posible. Lo sentimos
muchos.
Adiós.
Firma,
F.S.F. coordinador de talento humano,
Hospital Regional de Kioto."
En ese momento no supe bien que hacer. Lo único que acerté a
hacer fue sentarme en el piso. Estaba en mitad de la oficina de correos cuando
abrí la carta. Todos los domingos iba sin falta a revisar si había novedades.
Por supuesto, esperaba que las noticias fueran agradables.
Había muerto mi novia. En pleno invierno. No es que cambie
nada, en esta ciudad siempre es invierno, pero eso me ponía triste.
En 1969 todo parecía que iría mejor, no solo por ella, el
mundo en general tomaba otro rumbo. “¡Queremos la playa bajo los adoquines!” O,
“¡Detengan la guerra en vietnam!” O, más cercano para mí “!REPUDIAMOS LA
AGRESIÓN MILITAR CONTRA LOS ESTUDIANTES EN CIUDAD DE MEXICO!”
Las consignas eran de las pocas cosas que me mantenían en
pie, de las pocas cosas que también la mantenían en pie a ella y que
compartíamos. Nos conocimos con dieseis años en un mitin del partido. A los
dieciocho ya vivíamos juntos. Fue a los diecinueve que ella enfermo. Nadie supo
nunca la razón, no creo que ni ella la supiera. Simplemente un día no se levantó
y luego nunca más pudo hacerlo. Sufría mucho, yo sufría al verla.
Le decían “Gaviota”, su tez era muy blanca y solo inspiraba
sueños de libertad. Ahora que lleva más de un mes muerta solo puedo intentar
volar tan alto como ella y alcanzarla. Estamos en invierno, en esta ciudad siempre es invierno, son las tres de la
tarde de un domingo. No he comido nada hoy. Ayer solo comí colada.
1970 será un año mucho mejor, las consignas ya no serán
simples carteles sino hojas de ruta. Ya no soy indiferente, ahora vuelvo a
sentir felicidad. Veré todo lo que depara este nuevo mundo desde allá arriba,
volando con Gaviota.