miércoles, 29 de noviembre de 2023

Jueves 30 de noviembre 2023. 1:32 a.m

Me duelen los ojos. Es la una de la mañana. No puedo dormir. Me duele la cabeza. No tengo un peso. Hace frio.

Hace mucho no escribía. Cada vez que escribo digo lo mismo. No puedo dejar de pensar en mil cosas.

No sé que hacer. No quiero hablar de nada con nadie. No hablo con nadie. La hoja en blanco es un espejo. No me gusta verme a la cara. No me gusta el sabor del pollo.

Anoche lloré. Hoy no lo haré. No tengo razones. Ayer sí. Las de hoy podrían ser las mismas de ayer. No quiero repetirme.

He vuelto a hablar con gente. Más bien. Gente ha vuelto a hablar conmigo. Me sacan de su vida. Luego vuelven. No me voy de ningún lugar. Estoy cansado. No quiero estar en ninguna parte. No quiero nada en específico. Lo que quiero no lo tengo. Lo que creo tener no es mío. Nada es mío. Hay un sentido en que todo me pertenece.

Hoy cumple años. Hoy también cumple años. Coincidencia. No. La vida es caprichosa. Somos víctimas. O mejor pasajeros. Porque pasamos. No porque vayamos. Bueno. Pasamos. Al menos yo sí. No deja de ser curioso. Pasemos. La vida no tiene nada en mi contra. Me he cuidado de que nadie sepa nada de mí. Ni yo mismo. La vida me pone a correr. No le corro a nadie. Nadie me corre. No me corren. Corro pero mejor no. En este punto. Cacorro.

Vuelvo. La gente me hace volver. Hablar. Pedir disculpas. Hacer las paces. Decirnos lo que no habíamos dicho. Tiempo. Otra vez. Jaja. Jeje. Jiji. Otra vez. Hijueputa. A lo bien. Otra vez. Silencio. Otra vez. No. No debería haber otra vez. Igual la hay. Usted no elige. Hablar. Hacer las paces. Ahora diferente. Otra vez. Hijueputa. Me duele la cabeza.

Noche. Frio. Horas espejo. Rancheras. Cansancio. No tengo un peso. Empeño a Rilke. Que sirva para algo. Nada. Nadie. No importa. Ya lo sé. No ciego. Si bruto. Ya lo sé. No me lo diga. Esa botella me hace ojos. Vacía. Triste. Me duelen los ojos. Extraño algo pero no se qué. Extraño. Me siento extraño. Extrañado. Yo no era así. O sí. Extra. Extra. Encuentran a hombre metido en su cabeza. Extra. Extra. Ordinario. Su cabeza estaba vacía. Extra. Extra. También triste.

No me gusta la luz blanca. Hospital. Puñalada. Triste. Afligido. Patéeme. Escúpame. Cuélgueme. Llámeme. Míreme. No se da cuenta. Todo esto lo hago por usted. Usted no sabe quien soy yo. Yo sí sé quién es usted. Usted es yo. Yo no soy usted. No me entiende. No importa. Ni yo ni usted somos tan importantes. Venga. Míreme. Un favor. Hábleme pacito. No pacito. De papacito. Sabe que. Mejor no me hable. Tápeme los ojos. Póngame a correr. No tengo sueño. No puedo dormir.

Me bailan las letras. Sabe bailar. No. Nunca me hizo falta. Sentado en la esquina. Los tipos duros no bailan. Mailer. Mentiroso. Usted no es duro. Sí baila. Lo he visto. No bien. Pero baila. Ella mintió. Héctor nunca me amo. Sueño con él. Otra vez mentiras. No recuerdo. Mis sueños. Todo es pretendido. Perseguido. A usted la pretenden. A mi me prenden. A usted lo reprenden. A mi me pierden. Pero todo es pretendido. Nada en verdad.

No duermo. No hablo con nadie. No quiero seguir hablando conmigo. No me interesan los demás. Me interesa interesarle a los demás. Me interesan los demás. No hablo con nadie más que conmigo mismo. me duelen las manos. Frío. Sí hablo con más. No quiero hablar solo conmigo. Ud. Hábleme. Pero no mucho. Estoy ocupado conmigo.

Déjeme sano. No me vaya a enfermar. No ve que luego me pongo apestoso. No me levanto de la cama. No hay peor castigo. No duermo. No escribo. No conecto. No me paro. No me hable. Déjeme Sánchez.

No me conozco. No me quiero conocer. Ni Sánchez. Ni nada. Ni nadie. La hoja en blanco. Ya no. Igual. No la quiero ver. No me confronte. Hágale caso a su papá. No. Yo no soy. Pero hágale caso.

Venga. No se vaya a ir. Le pido perdón. No quería ser grosero. Es la falta de sueño. Venga. Siéntese. Pero más cerca. Eso. Usted y yo. Entendió. Esto queda entre usted y yo. Bueno. Más le vale. No. Tampoco pasa nada si lo dice. Bueno. Sírvase.

No tengo sueño. Dormir. No quiero. Pesadillas. Más bien. Pesadas. De illas nada. No quiero dormir. No me quiero. Me quieren. Bueno. Se cayó esa vuelta. Levántela. Tan bobo. Bueno. Me voy. No a dormir. Caminar por ahí. No se indisponga. Venga. Besito. Bueno. Hasta luego. Desvarié. 

 

lunes, 21 de agosto de 2023

Los poetas son suicidas sin valor

El miércoles pasado estaba en clase. Era una clase de arte. Nunca antes había entrado a una clase de arte. 

Mientras el profesor hablaba del ruido y de la gravedad yo pensaba -aún no sé por qué- en la muerte. Como éramos pocas personas y temía que me preguntara cual era mi escultor favorito (ya había sido advertido en que no podía nombrar a Rodin, y desafortunadamente no conozco a muchos más) me puse a escribir algo en un cuaderno, así le demostraba que era él quien no debía interrumpirme. 


Los poetas son suicidas sin valor

Es por gravedad (5)
que siempre caen los (7)
tristes suicidas (5)

Nadie los alza (5)
pues todo su peso (7)
es el del alma (5)

Cargaban tan bien (5)
y tan celosamente (7)
que aún cayendo (5)

No compartieron (5)
ni su decir ni sentir (7)
solo partieron. (5)


El lenguaje sigue siendo herramienta de juego. Quise hacer un poema de poemas. En estos días trabajo en ser breve, sigo apostándole al haiku. 

También le agradezco a Cielo que me regalo unas palabras sin conexión aparente que luego utilice para escribir un relato no mayor a 100 palabras. Si me ven por ahí regálenme unas pocas palabras. Gracias. 

Palabras: rojo, luna llena, lento, verano, world trade center, lejano, diáfano

Septiembre, 2003.

Hace dos años que ya había sido enviado al lugar del que no saldría. El proceso fue lento pero logró adaptarse. Era lejos, pero era eso mismo lo que lo reconfortaba, a nadie allí importaba su pasado.

Las lunas llenas en verano son de color rojo, se debe a un fenómeno natural (sangre derramada). Cada noche que la miraba se preguntaba si allí dormirían todas sus penas, pues al dormir debían ir a algún lado. Cada vez era más diáfana su consciencia. No importaba -se repetía cada tanto- lo que hizo ese once de septiembre en el WTC.

Total de palabras: 100.

sábado, 5 de agosto de 2023

Mono logo


Pierre-Auguste Renoir, el almuerzo de los remeros. Óleo sobre lienzo  (1881) 

Se hizo un monólogo como si fuera uno de los personajes del cuadro. Se los comparto y les pido que traten de adivinar quién es, al final les diré en que personaje pensaba que pensaba eso. 

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¿Por qué se nos niega la felicidad? 
Acaso seremos nosotros mismos los que no la dejamos crecer.
Tampoco le pedimos nada al cielo que no exista.

El quinto viaje del día. Quinta vez que me preguntan si llevo mucho tiempo haciendo esto. Que de donde soy, que si no me hubiera gustado ser otra cosa. Cada vez respondo algo diferente. Debo encontrar algo para entretenerme, aún no se inventan los celulares. 

Los primeros días me cansaba muy rápido de remar. En estos -que no son los últimos sino los de la mitad- aún me canso, solo que ahora lo hago lentamente.
Me pagan lo mismo si hago cinco o quince viajes. Y la paga es lo mismo que no me pagaran.

¿Qué si he conocido gente interesante?
Claro. Lo que pasa es que cuando uno los conoce dejan de parecer interesantes. Solo hay cinco o seis tipos de personas, luego se repiten.
Mi favorito es el "hijo de", que no es dueño de nada sino de sus palabras, y sus palabras son prestadas, y el tipo es un regalado. 
Con cuatro copas de vino encima ya nos convidan, con cinco copas ya somos iguales y nos dejan sentar a su lado.
Con ocho, ya nos prometieron ayudarnos cuando sus papás mueran y ellos dejen de ser los "hijos de " y ese lugar lo ocupen sus hijos. 
Nunca se les vuelve a ver, pero por lo menos regalan algo.

El menos favorito es el tipo de persona que ve en el remero una fantasía. No hablo solo de mujeres, no se crean, también hay casos de hombres. Debe ser por un tema del uniforme. A la gente le gustan ese tipo de cosas.

La verdad no sé si quisiera estar en otro lugar. Acá no me gusta, esa es la verdad. Pero también es cierto que he olvidado como hacer todo lo demás. 

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El personaje sobre el cual intenté adivinar su monólogo es el remero de barba, situado a la izquierda del cuadro. 



domingo, 9 de julio de 2023

Precipitación

Hoy también llovió. Hoy también hizo frío. Hoy tampoco hice nada. 


Tláloc
Por Efraín Huerta.

Sucede
Que me canso
De ser Dios

Sucede
Que me canso
de llover
Sobre mojado

Sucede
Que aquí 
Nada sucede
Sino la lluvia
            lluvia
            lluvia
            lluvia 

21 de agosto de 1969.



lunes, 3 de julio de 2023

Días extraños

No duermo y debo ocupar el tiempo en algo: He decidido entonces escribir todas las palabras que existen, pero no hacerlo aleatoriamente, pues también merezco algo de ocio. Al cabo de un largo tiempo ya habré hecho la novela más larga y más interesante del mundo. Aún no, pero ahí vamos. 

Tengo tanto tiempo que se me cae de los bolsillos y no me deja hacer nada. 

Este cadáver exquisito lo hice conmigo mismo y con Murakami. Lo ultimo que leí fue "Tokio Blues" y decidí sacar las palabras de un capitulo del libro. El tono también está influenciado. 

El titulo está directamente tomado de una canción de la banda argentina "Loquero", como por mantener un eje temático. 

Año: 1969.

Lugar: Hospital.

Personaje: Francis Scott Fitzgerald.

Comida: colada

Emoción: indiferencia

Estación: invierno

Color: blanco.

Nombre: Gaviota.


Días extraños.

¿Cómo comunicar la noticia de una muerte?

La misiva era concreta:

“Tu novia ha muerto. Ha sucedido esta noche mientras dormía. No sufrió. Se ahogó en su propio llanto. Hicimos todo lo posible. Lo sentimos muchos.

Adiós.

Firma, 

F.S.F. coordinador de talento humano,

Hospital Regional de Kioto."

En ese momento no supe bien que hacer. Lo único que acerté a hacer fue sentarme en el piso. Estaba en mitad de la oficina de correos cuando abrí la carta. Todos los domingos iba sin falta a revisar si había novedades.

Por supuesto, esperaba que las noticias fueran agradables.

Había muerto mi novia. En pleno invierno. No es que cambie nada, en esta ciudad siempre es invierno, pero eso me ponía triste.

En 1969 todo parecía que iría mejor, no solo por ella, el mundo en general tomaba otro rumbo. “¡Queremos la playa bajo los adoquines!” O, “¡Detengan la guerra en vietnam!” O, más cercano para mí “!REPUDIAMOS LA AGRESIÓN MILITAR CONTRA LOS ESTUDIANTES EN CIUDAD DE MEXICO!”

Las consignas eran de las pocas cosas que me mantenían en pie, de las pocas cosas que también la mantenían en pie a ella y que compartíamos. Nos conocimos con dieseis años en un mitin del partido. A los dieciocho ya vivíamos juntos. Fue a los diecinueve que ella enfermo. Nadie supo nunca la razón, no creo que ni ella la supiera. Simplemente un día no se levantó y luego nunca más pudo hacerlo. Sufría mucho, yo sufría al verla.

Le decían “Gaviota”, su tez era muy blanca y solo inspiraba sueños de libertad. Ahora que lleva más de un mes muerta solo puedo intentar volar tan alto como ella y alcanzarla. Estamos en invierno, en esta ciudad siempre es invierno, son las tres de la tarde de un domingo. No he comido nada hoy. Ayer solo comí colada.

1970 será un año mucho mejor, las consignas ya no serán simples carteles sino hojas de ruta. Ya no soy indiferente, ahora vuelvo a sentir felicidad. Veré todo lo que depara este nuevo mundo desde allá arriba, volando con Gaviota.

 

lunes, 26 de junio de 2023

Conejo es condenado a muerte dos veces.


Conejo Harry se sentó en la puerta de su cobertizo a fumar, después de todo, lo crearon para eso. Hace tiempo venís gestándose en su cabeza una idea. No contaré su historia, todos la conocemos. 

Nunca perdonó a Updike por haberle dado una vida tan tormentosa -pero sobretodo larga-. Conejo creía que a los 30 años ya debía uno morirse. También creía que su vida después del tercer libro nunca volvió a tener algo interesante (no por nada fue el tercer libro donde le dieron el Pullitzer a Updike). 
Conejo quería ser otro tipo, alguien sencillo. Un padre ejemplar con trabajo de oficina de ocho a diecisiete que tiene su hermosa esposa, sus hijos, y su amante. Eso hubiera estado bien. 

Para su infortunio, su creador tenía pocas ideas, y a consideración del autor, repetitivas, y decidió volverlo un pobre diablo.

Entenderán ustedes que esa es una vida miserable. No tanto como la de todos nosotros, pero ciertamente miserable, más para un tipo como Conejo Harry, quien nunca pudo decidir su futuro, no tanto como todos nosotros.

Por eso acudió a mí, otro escritor, uno de menos talento, pero a su vez, de menos aspiraciones económicas. 
Vaya, lo único que pudo costearse. Su propuesta era directa y sencilla, me contrató para que yo escribiera esta historia en la que él pudiera matar a su creador y así dejar de ser explotado en una franquicia de libros repetitivos y carentes de alma. 

Así me dijo: 
—No quiero que sufra, solo quiero que se muera y que ni Faulkner lo pueda revivir.
—Eso que usted me pide es difícil, señor Conejo. Recuerde que no soy tan buen escritor como ellos. 

Guardamos silencio durante un rato. Yo conocía mis límites y él los suyos. Ví la desesperación en su rostro lleno de sudor. Se veía patético Conejo, nunca pensé que fuera así en persona.

—¿Y si lo matamos dos veces? Una usted y la otra yo.

Mire al piso un momento, no estaba seguro del todo, pero siempre quise matar a un escritor mejor que yo y robarle su puesto. La fama mata el alma y la envenena, pero hay momentos de la vida en los que uno debe tomar decisiones.

—Si usted me promete que hará todo lo que yo le diga, y confía en mí, lo podríamos hacer funcionar. Por supuesto, deberá pagarme por adelantado y no le prometo un resultado.

Agarre mi lapicero y me encerré en mi habitación toda la noche. Updike tenía ya 70 años, idear el plan de Conejo no fue difícil. Lo bueno si breve, bueno dos veces.

Escribo que se levantaría temprano, iría a la tienda y compraría su última cajetilla y se la fumaría tomando el whisky que sobró de la noche anterior. Tenía que darle un último gusto, no fue muy difícil seguir el estilo de Updike.

Lo único que tuvo que hacer fue acudir al hospital donde estaba internado su creador, afligido por un cáncer de pulmón (no era posible otra enfermedad, se hubiera salido del relato). 
Por supuesto que todos lo iban a dejar pasar, Era Conejo Harry, todos lo conocían y conocían todo de su vida, la habían leído en los cinco libros que papá Updike había escrito sobre la vida que le hizo vivir. Nadie iba a sospechar que fuera a atentar contra su creador. Se acercó a dónde estaba el viejo y desconectó el respirador artificial que lo mantenía vivo. Luego saltó por la ventana. Era un séptimo piso.

Esa fue la parte fácil. Por supuesto que Updike era mejor que yo, él ya había previsto que algún escritor de segunda categoría sería contratado para eso, entonces había dejado por escrito que de morir él, saldría un sexto libro de Conejo Harry, contando las memorias del infame asesino, trayendolos a los dos a la vida, aunque fuera una vida pasada.

Yo también estaba decidido, Updike será mejor, pero ante una determinación de hierro nadie competía (que aprendí de la dura historia de vida de Conejo).

Al día siguiente de la tragedia en el hospital acudí al despacho de Updike, dije que era un alumno de él y que tenía un encargo que me había dejado cómo última voluntad. 
Naturalmente, nadie me creyó, nunca me habían visto por ahí, y ciertamente no parecía alumno de nada. Entré a la fuerza y me encerré en su oficina, saqué un bidón de gasolina, lo regué por todos, terminé de escribir esta historia y ahora voy a prender fuego conmigo acá adentro. 

En unos años veremos si pude ser mejor escritor que él, sino, regresaremos los tres a la vida: Conejo, Updike y yo. 

Muerto dos veces solucionado el problema.

lunes, 20 de marzo de 2023

Piolín y Lenin

El día de ayer granizó. Salí a la calle a mojarme, a jugar (hacer bobadas) con el hielo. Aún me falta conocer la nieve. Soy consciente de todas las cosas que suceden a raíz de la lluvia, no hace falta que me digan que si disfruto de ella soy el demonio en persona.

La luz se fue del edificio -y por luz me refiero a energía eléctrica, porque la luz solo se me va del ojo izquierdo, que cada vez veo menos por ahí- , entonces fuimos a la tienda y compramos velas, primero jugamos stop y después decidimos hacer un cadáver exquisito (que siempre me gusta insistir con eso).

Les comparto los resultados. Propusimos un personaje y una ciudad, el tono de la escena y de ahí a escribir. De este manera para que las historias conservaran un poco de sentido. 

Que hermoso país

Personaje: Vladimir Lenin

Lugar: Cúcuta, Norte de Santander, Colombia. 

Vladimir Lenin se encontró en la esquina lo que en otro momento fue la razón de su felicidad: El hombre caimán. 

El hombre caimán lo miró y le sonrió. Aún guardaba en el recuerdo aquellas noches tan hermosas. Pero dejó de ser hermoso al fijarse en los venezolanos y pensar que el comunismo ni en Latinoamérica funcionaba. 

No, se equivocaba, pues por lo que veía en las miradas de aquellos personajes extrañamente amables, se notaba que su actitud no encajaba en cada una de las expresiones de los demás que lo miraban.

También había un olor putrefacto, que al rastrearlo vieron que no era otra cosa que él mismo, eran en realidad varias circunstancias las que lo obligaban a estar así. 

Tocaba una boba y triste melodía de trompetas mientras veía a Cúcuta arder en las llamas verdes causadas por la gasolina barata, y justo en ese momento, azotado por el abrasador calor, nuestro trágico héroe, Lenin, se sintió agobiado por la guerra. 

Se sentó en la esquina del parque Santander, y comiendo salpicón cerró los ojos. Se había dado cuenta de que ya nadie lo quería. 

Fin.

Ese fue el primer ejercicio, cada color corresponde a una persona involucrada en la escritura. Así, este texto fue escrito a ocho manos, sin saber que había escrito la persona anterior. Únicamente podíamos leer la ultima palabra, por aquello de conservar un mínimo de sentido. 

El ultimo pío 

Personaje: Piolín

Lugar: La cuenca del rio Orinoco.

Después de comerse esos gusanos, Piolín sintió que se trasladaba a un lugar verde y húmedo, que cual durazno, le recordaba la tez de su hermano menor, a quien dejó a su suerte en la capital. 

Llevaba ya mucho tiempo huyendo. no pudo soportar ni un minuto más en la casa de su tía, que no hacía otra cosa que obligarlo a tomarse fotos para que ella pudiera enviarla a sus amigas. 

El detective Silvestre -un viejo gato, curtido en la materia- le pisaba los talones. "Piolín, Piolín, jueputa Piolín ¿Qué hiciste?" A Piolín se le brotaba la vena de la frente, y sus chanclas robadas, no permitían que sanaran las costras en sus pies, tampoco ayudaban la humedad y la diabetes. 

Su cabeza desproporcionada se calentó demasiado y vio todas las mentiras que había dicho hasta el momento. Le pesó tanto en su flaco cuello, que este se dislocó y cayó. 

Recobró el sentido poco después. Primero sintió su cuerpo contra el suelo y luego abrió los ojos, su sorpresa fue al encontrarse a las hormigas subiendo por sus alas. Un delfín que pasaba por allí, decidió que ese día quería comer pollo, y viendo a Piolín derrotado, empezó por sus alas, se las quitó y comió, solo para después seguir con su pico. 

Piolín estaba devastado, no concebía otra forma de entender el alma que no fuera a través de su cuerpo. A orillas del río Orinoco, aquel gran canal que como carretera transportaba las tristezas de vidas pasadas, se posó esperando que un descuidado bocachico asomara su cabeza y se tragara lo que quedaba de su desdicha.

Entonces vio un cielo negro con unos tonos de luces naranjas rojizas, su piel ya casi dejaba ver el musculo que antes protegía celosamente, tenía una infección que cada vez ardía más, sentía desesperación provocada por la poca luz que aún alcanzaba a ver. No aguantó más, se cortó los tendones y con la ultima de sus funciones, se corto la vena de su pequeño cuello. 

Fin.

(Me permito aclarar que no sé realmente que peces hay en el Orinoco, solo conozco el Magdalena, razón por la cual acudí al bocachico como referencia de pez de agua dulce). 

También dejo señalado que color corresponde a que persona:

Violeta --- C (yo) 

Rojo --- A

Verde --- L

Azul --- N

El nombre de la primera historia lo elegimos colectivamente. Para el segundo olvidamos hacerlo, entonces se lo puse yo. 




domingo, 5 de febrero de 2023

No significa una cosa (si no tiene ese swing)

Ayer me vi "The Whale" en cine. Antes de entrar me encontré con alguien, fue curiosa la situación.

Si no han visto la película, recomiendo lo hagan. Después de verla sentí muchas cosas. Una de ellas tenía que ver con el deseo, y la necesidad. Después de verla sentí la necesidad de volver a escribir, esa necesidad que solo se sacia escribiendo.

Estos días he estado muy desorientado (los últimos ocho meses), no sé bien que hacer, ni muy bien que quiero hacer, de momento quiero escribir. Así a secas. 

Ya terminé de estudiar, no me he graduado. No hay rumbo fijo, cinco años estudiando algo que ahora no se muy bien si quiero hacer. ¿Era necesario? No era deseable, al menos no por mí.

Hoy quiero escribir sobre el amor. ¿Será (el amar) una necesidad, un arte, un deseo? Tengo un dialogo conmigo, cada vez hable menos y digo más palabras. El camino más corto hacía un punto no es siempre el camino más rápido, ni el más deseable. Lo bueno, si breve, bueno dos veces, pero la brevedad es un virtud que no poseo. 

No soy Barthes, del amor no sé nada, del amar aún menos. He llegado a creer, sin embargo, que se trata de una necesidad para mí. Ya no hablarlo en términos de capricho, me refiero a que no puedo concebir la vida sin amor, sin estar enamorado. No es una elección, en ningún caso se trata de eso. Las palabras son tan limitadas que no se ha escrito aún nada sobre lo que es el amor, y eso que todo lo que se ha escrito siempre trata sobre el amor, porque bien o mal, este es el motor de la historia (perdón materialistas dialecticos históricos histriónicos). Me enamoro mucho, pero no me desenamoro nunca. 

Hoy creo que el amor es como el póker (que no la póker), porque no se como funciona ninguno de los dos. Eso no me impide creer que existe, y que habrá gente que tenga mayor o menor entendimiento del mismo. Siempre me ha gustado apostar, solo por el hecho de jugar, porque ganar no es nunca lo llamativo. Hasta hace poco siempre había sido muy condescendiente en todas mis relaciones, hasta pronto creo que lo seguiré siendo, pero cada vez menos, si se me permite la osadía. Hoy por hoy, lo que me come la cabeza es el hecho de pensar, tengo mucho tiempo para pensar, tengo tanto tiempo para pensar que no me queda tiempo para hacer nada. 

Le rehúyo a muchas situaciones, no porque no me guste poner el pecho (que tampoco), pero la vida es demasiado corta para quedarse estancado en un vórtice con destino a ningún lugar. He decidido que simplemente quiero hacer cosas. Pensar está muy bien, pero no me da la cabeza para hacerlo tan seguido. Tampoco se trata de hacer complicado hasta lo más sencillo, que me guste enredarme no significa que me guste lo complejo. 

El amor no llega ni se busca (a)

siempre está ahí, aunque se le huya (a)

no crece en los arboles (b)

ni brota del agua (a)

se le descubre en cualquier parte. (b) 

Tampoco está en romances (b)

ni en cuartillas o quintillas (a)

se escurre de la métrica (a)

y de discursos de poetas. (a)

No es rayo de luz, (c)

ni llega a los huesos, (d)

es una promesa que no se cumple (b)

pero no por ello se irrespeta. (a) 

Y eso no es poesía. Y prescindimos de las formas y la técnica (y con ello de la clase, de las lecciones también), no somos visceralistas ni reales, ni lógicos ni prácticos, ni chalados. Todas las definiciones implican un limite, y debe de existir, pero no me interesa ser quien lo encuentre (o se lo atribuya). Y todos los poetas son perdedores, y de perdidos al rio. Y nadie es quién cree que es, ni quién los demás creen que es, uno es lo que es. Y la razón nos hizo flaco favor, pero solo nos queda echarle la  culpa a Prometeo o a Epimiteo, que también se enamoraron y nos condenaron, y agradecerles porque sin lo malo no existe lo bueno. 

Y si les gusta escribir escriban, es una necesidad después de todo. No se escribe para un aforo, pero siempre va dirigido a ellos, a ustedes. Porque cuando se escribe uno se sale de sí y se pone donde los otros. 

Y lo único que queda es lo que siempre hubo, no hay verdades, ni verdaderas ni falsas. Es como el chiste del cínico, el existencialista y del absurdo, que no tiene final ni inicio, y que tampoco es chistoso. 

Y los finales no son buenos ni malos, y muchas veces tampoco terminan de decir nada, porque nunca se podrá decir todo lo que hay por decirse, porque siempre hay algo más por decir, así se crea que se hablo de todo lo hablable. 

Mamá Quiquita lo sabía, pero ella fue quien decidió dejar de hablar porque si bien todavía podía decir más cosas, sabía ella (y solo ella), que las palabras tienen el valor que se le quiera atribuir (así funcionan los valores) y que nadie más que ella se lo podía dar a sus palabras.