domingo, 26 de diciembre de 2021

Hoy llore, vomité y cagué sobre un gladiolo

Hace poco terminé "El Túnel" de Sábato,. La actitud de Castel es verdaderamente irritante, y no solo porque disfrute de hacerle daño a la gente, sino porque siempre encuentra una justificación a sus actitudes mas crueles. Incluso es peor cuando se reconoce como malvado y habla del túnel en el que estaba para explicar al lector algo difuso que terminaba en decir que no es que fuera malo, sino que era diferente. 

Disfrutaba del placer de hacer llorar a María Iribarne, supongo que de haber existido disfrutó matándola, disfrutó increpando al ciego que lo había hecho, y después se pregunta irónicamente por qué se habrá matado aquel. 

En cuanto terminé la lectura, lo primero que pude hacer, incluso antes de digerirla, fue pensar en las penas del joven Werther, quizá porque estoy enamorado, igual que aquellos dos nefastos personajes. 
Admito con indiferencia que nunca me sentí como Castel; pero con pena increíble, que sí me sentí en varias ocasiones como Werther, porque no creo poder morir de otra forma que no sea amor, y entiendo que el corazón cuando se saca del pecho para nada sirve. 

En mi vida he lastimado a muchas personas, producto de vivir unos cuantos años. No creo ser mala persona. Me asusta que Castel tuviera el mismo pensamiento sobre él. Es inevitable no hacer daño a los demás, pero me pesa mucho saber que a personas que quiero (e incluso a las que no considere querer) las termino hiriendo. También sé que mi actitud es bajar la cabeza y que a veces la gente quisiera otra reacción, algo que les permita sentir un golpe de vuelta, como cuando se golpea una pared y esta te golpea de vuelta. 

Este año he sido muy feliz, he sido muy triste, en ocasiones solo he sido, y en otras ni a eso llego. Muchas personas se enojaron conmigo, y siguen enojadas, porque algo que hice les disgustó. Muchas más personas aún esperan algo de mí, y no lo digo en el sentido de que esperen que yo sea un gran abogado, o un gran escritor, o un gran comediante, porque saben que no lo seré. Lo digo en el sentido de que esperan que me comporte de cierta forma, que sí me vio y no me saludó, que si salimos y no se tomó una conmigo, que si me ignoró este mensaje, que no me dijo feliz navidad, que usted es un hijueputa porque ese día me saludo con la mano y no me abrazó, que me hace daño verlo, que me hace mal saber de usted, que usted hizo eso pero no porque sea mí amigo, sino porque es algo que haría por cualquiera, que no me prestó plata, que no quiso salir conmigo y si con cual o pascual, que pensé que usted estaba para mí en cualquier momento, no importa el que, que parchaba más con otros, que comí carne, que no comí carne, que soy un hijueputa porque estoy vivo. 

Yo me canso, no me canso de la gente, me canso de estar triste. Me gané un concurso y creí saber escribir, me levanté un día y me di cuenta que no. No quise volver a escribir. 
No me gustó nada de lo que aprendí este año en la universidad, pienso en el joven Juan García Madero dejando su carrera de estudiante de derecho en la UNAM para dedicarse a hacer poesía, o lo que es lo mismo, emborracharse y dormir en casas (o estancias, o posadas, o habitaciones, o portales) diferentes todos los días. Solo que yo no soy ni podría ser poeta, no vivo en CDMX, no estudio en la UNAM, no vivo borracho y no duermo mucho. 

También estoy muy conflictuado. Es normal que se me recrimine lo que no está bien, y se que he sido perpetrador de conductas que me han dolido, alejarse es doloroso, más para unos que para otros. Pero sepan que siempre pienso en ustedes, que poco lo hago conmigo. Y no quiero decir que yo viva por ustedes, y que todas mis acciones las tome pensando en ustedes, sino que cuando vivo por mí, no dejo de pensar en ustedes, y eso solo me pone más triste, porque trato de hacer las cosas bien, pero no soy yo capaz de hacer eso siempre. Me pongo a pensar, me pongo muy triste, pienso mucho en los problemas de los demás, no lo hago yo con los míos, nadie lo hace con los míos, que no son muchos, ni muy buenos, pero sí míos, y de pronto necesitan siquiera de mi atención. 

Estoy lejos de ser perfecto, lejos de ser feliz, también lejos de estar triste. A veces solo quisiera que me preguntaran como estoy, pero después se me pasa porque esa pregunta nunca se como responderla, y aunque supiera, no siempre la respondería. Que yo quiero y no me dejo querer, entonces de pronto no se querer muy bien. No hay enseñanza, ni moraleja, ni reflexión, ni nada que valga la pena leer, esto no es una pieza importante. Tampoco crean que soy poeta, no contemplo aún cruzar la calle, al menos no por iniciativa. Sí le rescato al poeta el hecho de querer cambiar la vida. Le recrimino que se haya vomitado encima después de escupir esas palabras, y no antes. 

Finalizo pidiendo perdón, porque la he cagado y lo haré, porque no quiero hacerle daño a nadie y se que no es posible pasar la vida así, porque antes que hacer daño como Castel, prefiero hacerlo como Werther.