Sé que hay gente enojada conmigo, y con razón. En esta entrada bien podría mandarlos a la mierda, cerrar la puerta, salir a la calle y seguir andando. La verdad es que no podría. No puedo.
De antemano, obvio las pedidas de perdón, porque si usted me conoce en persona, sabe que no hago otra cosa diferente. Me han dicho en el lapso de los últimos tres meses muchas cosas -no las suficientes desde luego- pero al menos las necesarias para que me sienta mal. Me han criticado porque ya no salgo con ciertas personas, me han reñido porque ya no hago cosas con ciertas personas, me han peleado porque ya no frecuento ciertos lugares, me han insultado porque ya no consiento ciertos hábitos en otros. En fin, la gente ha empezado a reñir conmigo porque siempre viví en pro de ellos y cuando no pude hacerlo más (lo que solamente significa que empecé a hacerlo en pro de otras gentes diferentes) se sintieron abandonados.
Intento vivir por mí, y lo único que acierto a hacer es vivir por otros. Ni mis alegrías son mías, siempre son prestadas; peor aún con mis tristezas, que, cómo yo, son robadas.
De antemano, obvio las pedidas de perdón, porque si usted me conoce en persona, sabe que no hago otra cosa diferente. Me han dicho en el lapso de los últimos tres meses muchas cosas -no las suficientes desde luego- pero al menos las necesarias para que me sienta mal. Me han criticado porque ya no salgo con ciertas personas, me han reñido porque ya no hago cosas con ciertas personas, me han peleado porque ya no frecuento ciertos lugares, me han insultado porque ya no consiento ciertos hábitos en otros. En fin, la gente ha empezado a reñir conmigo porque siempre viví en pro de ellos y cuando no pude hacerlo más (lo que solamente significa que empecé a hacerlo en pro de otras gentes diferentes) se sintieron abandonados.
Intento vivir por mí, y lo único que acierto a hacer es vivir por otros. Ni mis alegrías son mías, siempre son prestadas; peor aún con mis tristezas, que, cómo yo, son robadas.
La tranquilidad no se compra con nada, así como un cuchillo en las entrañas no se equipara con uno en la pretina del pantalón, aunque los dos vayan de la mano. Los símiles y los chistes son mis cosas preferidas, y sin embargo, ninguno se me da bien. La alegoría es la madre de todas las figuras literarias, y yo siempre he sido un padre irresponsable del peor tipo, el que responde con la cabeza gacha frente a lo engendrado.
¿Qué si me miento todos los días? ¿Y quién no lo hace? Mucho tengo ya con tener que vivir conmigo todos los días como para soportarme con honestidad. No me arrepiento nunca de lo que digo, sí de lo que hago. No digo todo lo que pienso, pero pienso en todo lo que me dicen. Me arrepiento de lo que no dije, no de lo que no hice.
Siento que le debo algo a la gente. No puedo explicar el qué, pero el sentimiento de intranquilidad que tengo cada noche que me levanto y cada día que me acuesto no se va.
Hoy en el plantón que había en la Corte Constitucional pidiendo la despenalización del aborto le amagaron un golpe a Cielo. Fue un hombre de unos treinta años, pañoleta azul, barba de dos semanas, ojos de miedo y cara de Vargas Llosa -alguien a quien se le podría calificar de golpeable-. Forero, Ana y yo estábamos alejados del plantón cuidando las maletas, en el momento de ver el golpe fallido a Cielo, mi reacción fue preocuparme. Forero decidió ir en busca del tarugo y encararlo, hubo un amague de pelea y fue solo hasta ahí que decidí meterme yo también.
Siempre le he huido al conflicto, no porque le tenga miedo a lo físico ni al enfrentamiento. Pienso tanto en el resto que afrontarlos es difícil, pues me paro mas fácil en el lugar de ellos que en el propio. Una ridiculez.
A pesar de llevar algún tiempo practicando boxeo con mi hermana, saber algo de teoría y haberlo practicado infinidad de veces con el saco de arena que hay en mi casa, siempre me negué a pelear con otra persona (a duras penas con mi hermana). Hace poco logré pararme a intentarlo con alguien. A los fantasmas que nos apenan se los asesina no con ahogos, pues no tienen necesidad de respirar, sino con puñaladas en el corazón, pues sin el corazón no vale la penar seguir atormentando a nadie.
A pesar de llevar algún tiempo practicando boxeo con mi hermana, saber algo de teoría y haberlo practicado infinidad de veces con el saco de arena que hay en mi casa, siempre me negué a pelear con otra persona (a duras penas con mi hermana). Hace poco logré pararme a intentarlo con alguien. A los fantasmas que nos apenan se los asesina no con ahogos, pues no tienen necesidad de respirar, sino con puñaladas en el corazón, pues sin el corazón no vale la penar seguir atormentando a nadie.
¿Qué quién soy yo? Ni trataré de darle una respuesta a eso, entonces le agradezco a usted que no me digo que yo ya no soy yo. Aprecio sus apreciaciones, si nota cambios no se alarme, no sufre de ningún tipo de engaño mental, si nota cambios es porque probablemente los haya. Si no le gustan los cambios es natural, todos queremos siempre tener la razón.
¿Usted está bravo/a y me pregunta qué le puedo ofrecer? Tengo dos manos, en la izquierda un fusil y en la derecha una rosa. Soy diestro en el uso de las armas, pero mi corazón está a la izquierda. Bien podemos construir una guerrilla, hacer el amor, compartir una copa, o un vaso, o una botella; podemos separarnos y nunca más vernos, o hacernos prometer que siempre estaremos allí, de esos siempre que duran dos cigarrillos, podemos intentar borrar a Neruda de un quemonazo y tratar de escribir los versos más lindos cualquier noche, fracasar e intentarlo de nuevo a la siguiente, fracasar y dejar de intentarlo. Por mi parte, le tiendo un corazón magullado que aún late y una sonrisa tímida, un beso en el cachete, un paso de baile rendido en agua y un poema robado.
Les regalo siempre mis palabras, pero no a todos les regalo lo que he escrito. En eso sí soy celoso.
Y cuando miro al cielo, pienso si sabe lo miserable que soy ahora.